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lunes, 30 de noviembre de 2009

FRANCISCO CORRAL - LOS AÑOS ROBADOS A EMILIO BARRETO / RELATOS DE UN PRESO POLÍTICO DURANTE EL STRONISMO

LOS AÑOS ROBADOS A EMILIO BARRETO
Autor:
FRANCISCO CORRAL SÁNCHEZ-CABEZUDO,
Arandurã Editorial,
Asunción-Paraguay 2003. 201 pp.

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LOS AÑOS ROBADOS A EMILIO BARRETO es parte de la historia de su protagonista verdadero; por eso, la narración "pretende recorrer el camino inverso y ascender a contramano desde el nivel de lo realmente acaecido hasta el estadio superior de lo fabulado".
** Entre los hilos del relato de estos "casos" vividos en la cárcel (que pueden ser dolorosos, tiernos, trágicos, jocosos, pero que siempre tienen el aliento directo de la verdad) Emilio Barreto nos lanza "un violento mensaje de libertad para creer en el ser humano, un turbio mensaje de esperanza para seguir pensando en el futuro". En el año de la memoria este libro nos viene oportunamente a recordar que "la justificación y el olvido son las peores coartadas de los que no quieren escarmentar del pasado".
EMILIO BARRETO DÁVALOS. Nació en Villarrica el 22 de mayo de 1940. Era estudiante de la Escuela de Técnicos Industriales y Egresado de la Escuela Municipal de Arte Escénico "Roque Centurión Miranda". Fue injustamente detenido el 22 de junio de 1965 hasta el 15 de febrero de 1978, en la primera oportunidad, y luego el 30 de octubre de 1998 hasta el 7 de noviembre de 1998. Actualmente se desempeña como actor de teatro y cine. Dirige el grupo de teatro "La+cara".
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PRÓLOGO
** Desde Cervantes, que inaugura el género, hasta nuestros días, los escritores de novelas no han cesado de fingir que sus relatos son historias sucedidas en la vida real y recogidas en la crónica de algún testigo, testador, testaferro, fiel de fechos o escribano.
** Esta narración verídica, en cambio, pretende todo lo contrario al tomar la forma de relato. Aspira, exactamente, a recorrer el camino inverso y ascender a contramano desde el nivel de lo realmente acaecido hasta el estadio superior de lo fabulado. Y es que Emilio Barreto fabula ciertamente sus casos vividos, pero no a la manera profesional de cualquier escritor más o menos avezado, sino con la maestría natural propia del "casero" que sabe articular el relato desde la verdad directa de la expresión oral. Así, al ritmo particular de la palabra, va hilvanando sus recuerdos de los años pasados en el tenebroso mundo mental de la cárcel.
En esa tarea, Emilio prefiere apegarse al recto camino de lo sucedido antes que dejarse llevar por la falsa escapatoria de la fantasía. Sus recuerdos entretejen casos chocantes, anécdotas notables, tiernas o dramáticas, divertidas y hasta jocosas muchas veces.
** Y con esos brochazos, va dibujando la admirable odisea de algunos hombres y mujeres que supieron sobreponerse a las más duras vejaciones. Su testimonio nos habla de desdichas, de sufrimientos, de humillaciones terribles; y también de dignidad, de coraje, de la infinita capacidad del hombre para las peores pesadillas, de la risa como bálsamo del dolor, (le los sueños, de la esperanza.
** Los protagonistas de esta verdadera historia (despojados de lodo respeto a su condición humana, entregados al cruel capricho de sus verdugos, sumidos en el desamparo más absoluto) tuvieron todavía coraje para defender los últimos reductos de una dignidad que se acrecienta por lo ultrajada, encontraron todavía ánimos para practicar el ritual sublime de la solidaridad humana, e incluso alcanzaron todavía fuerzas para convocar de vez en cuando al aliento liberador del juego y de la risa.
** Es en esa afirmación de la resistencia ante la barbarie mediante el refugio en los resquicios más irreductiblemente humanos, donde el testimonio de Emilio Barreto adquiere una dimensión de auténtica epopeya. Epopeya de la dignidad defendida hasta sus últimos límites, y también retrato amargo de su historia y de la nuestra, pues cuando se pisotea la dignidad de una sola persona se está ultrajando la de todos los hombres, independientemente de fronteras, continentes o colores.
** Emilio lanza a las olas de todos los vientos un violento mensaje de libertad para creer en el ser humano, un turbio -mensaje de esperanza para seguir pensando en el futuro. Y lo más notable es que lo hace sin resentimiento, en un tono en general amable, apenas con rencor, apenas con la carga de indignación inevitable para mirar al pasado de frente, llamarle por su nombre y no esconderle la cara tras la justificación o el olvido. La justificación y el olvido son las peores coartadas de los que no quieren escarmentar del pasado.
** Al poner en letra escrita las palabras de Emilio Barreto, me propuse respetar al máximo la desnudez de la expresión hablada y mantener, en la medida de lo posible, el ritmo y la cadencia propios de la narración oral.
** Después de varias tentativas y ensayos frustrados, me pareció que a esos propósitos podía responder aceptablemente un tipo de texto que renuncia a los artificios de la escritura, prescinde de los signos de puntuación y recurre al simple y descarnado lugar vacío de los espacios para marcar algo parecido al ritmo que el buen "casero" inflexiona en sus relaciones.
Si la fórmula ha resultado válida, el lector podrá revivir en estas páginas la conmovedora historia de la que Emilio fue protagonista y testigo. Y si finalmente el recuerdo de todos aquellos años de juventud que impunemente le fueron robados puede servir (aunque sea en una pequeña medida) para que nadie tenga que volver a padecerlo en el futuro, entonces este libro habrá alcanzado su más alto fin y su más logrado objetivo
Francisco Corral
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Índice –Prólogo
· De cuando me tomaron preso // De dónde vengo y quién soy // De mis primeros recuerdos // De lo que yo vi en los calabozos creo que de Capiatá // Del tipo que aperitaba con alcohol y algodones // De quien se hirió con gillette // La ingeniosa fuga del alemán Otto // De Yoni Usuriat, que no quiso ser pyragüé // De las vejaciones que dos viejitos tuvieron que soportar // Del tristemente célebre suboficial Piñanes // Del huevo del avestruz // De lo que puede poder la fuerza de la costumbre // De cuando Totollo cagó paisajes // Los saltos de la ranita // El dulce sabor imaginado de la pequeña venganza // De lo que resultó entre un curepí y un falso pato // El llanto de un niño hambriento // De cuando imaginé dejar mi mano fuera de la fosa // De lo que sucede en la pileta // De otras variedades de tortura // De cómo asesinaron al pobre Larrosa // De cuando un joven llega a desear quitarse la vida // De cómo romper los muros de la cárcel o romperse contra ellos . La triste historia de Sixto // De cómo resistir en la pileta // El sueño de cabayú yvyrá // De la violación // De cómo el argentino Soto galopaba la pampa de su calabozo // De cuando un rayo pudo poner fin a nuestros padecimientos // Del improbable vínculo entre la tortura y las artes // Donde se continúa lo precedente // De cómo hice huelga de hambre cuando me engrillaron por ir al retrete // De cuando me malicié una emboscada, quizá con razón // De las extrañas convivencias que en la cárcel se producen // Del cruel reencuentro de un padre con su hija // De cómo concebí mi primer plan de fuga y cómo se frustró // De cómo seguí carburando la manera de escaparme // De la utilidad estratégica de la doma del gorrión // De cómo fui recabando información y confeccionando un original disfraz // De cómo un soldadito calentón me sirvió de informante sin saberlo // Los sobresaltos del fútbol y los beneficios del yacaré // De cómo seguí ultimando mi fuga y en lo que todo acabó // El caso de una hermosa joven que no se dejó violar // De cuando supe que salía en libertad // De mi turbación al sentirme libre // De mis primeros pasos en libertad // Los peligros del asfalto, el reencuentro con mi mujer y mi primera cerveza // De lo agotador que resulta volver a la libertad tras trece años de prisión // Donde se pone fin a este relato por decisión de su autor // Apéndice documental // Petición de Habeas Data de Emilio Barreto Dávalos // Testimonio de la detención y tormentos sufridos por Emilio Barreto Dávalos
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DE CUANDO ME TOMARON PRESO
** esto que te voy a contar chamigo - no sé por dónde voy a empezar - lo que sí te diré que estuve cuatro mil se/cientos dieciocho días en prisión - o sea casi cumplí trece años - imaginate
** esta es una cuestión bastante jodida para comenzar para encontrar un comienzo - porque acabas acostumbrándote a mirar el tiempo al revés - y cuando ahora lo recordás no sabes de dónde desenredar la madeja
** porque bueno - para contarte lo que a mí me pasó no creo yo que tendría tanto valor como lo que yo he visto realmente pasar a otras personas
** pero desde afuera todo empieza cuando a uno le toman y le llevan preso verdad - y más todavía por cuestiones políticas - y en este caso concreto el mío aquí en Paraguay te podes imaginar lo que uno puede pensar - lo que uno puede esperar - porque yo ya sabía - yo ya era consciente de la cantidad de gente que ya estaba adentro por años - y ya sabía la posible consecuencia algunos perdieron la vida otros se volvieron locos - otros desaparecieron y así
** bueno - te diré que en lo primero que uno se pone a pensar es en comenzar a contar - se comienza a contar las horas - después los días - se van contando las semanas – los meses - luego los años - hasta que la desesperación se va haciendo rutina sin sentir - como si te pones a contar ovechá para dormir - y no te dormís - y al final te aburriste todo de esperar el sueño - y ya seguís contando nomás sin poder hacer otra cosa
** yo tengo la fecha exacta que me tomaron me - tomaron un veintidós de junio del mil novecientos sesenta y cinco - y me pusieron en libertad el quince de febrero de mil novecientos setenta y ocho
** alguna vez me puse a hacer un listado de las cosas que me ocurrieron - y hay algunas de las que ya me fui olvidando - y luego claro que estando así solo no siento tantas motivaciones - es decir como así en rueda de amigos cuando tantas veces hemos conversado
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TESTIMONIO DE LA DETENCIÓN Y
TORMENTOS SUFRIDOS POR
EMILIO BARRETO DÁVALOS
Fecha de nacimiento: 22 de mayo de 1940.
Lugar: Villarrica
Nacionalidad: Paraguaya
Fecha de detención: 22 de junio de 1965.
** Fui secuestrado con mi señora esposa del domicilio de mi señora suegra, la madrugada del día 22 de junio de 1965, por policías vestidos de civil, fuertemente armados, me condujeron con mi esposa NIMIA BÁEZ DE BARRETO, hasta el Dpto. de Investigaciones de la Policía de la Capital.. El operativo del secuestro estaba dirigido por el Crio. JULIÁN RUIZ PAREDES y ocho efectivos más, contaba en ese tiempo 25 años de edad.
FECHA DE MI LIBERTAD: 15 de febrero de 1978, contaba entonces cerca de 38 años de edad.
TORTURAS SUFRIDAS
** Fui torturado física y psicológicamente, en varias ocasiones y de diversas formas y maneras y en distintos lugares donde fui conducido, y con distintos elementos increíbles, usados siempre y cuando pueden ocasionar tormentos a la víctima.
Paso a enumerar algunos:
PILETEADA: Fui sometido en tres oportunidades y que consiste en sumergir a la víctima en una bañera de agua pútrida, muchas veces, atado de pies y manos, con seis policías que le "trabajan" a la víctima.
MANGUERA: Este elemento que se utiliza para lavar vehículos, en el local del Servicio de Automotores de la Policía, arroja agua a mucha presión, me aplicaron en el rostro con los pies atados a la altura de los tobillos, las manos atadas por detrás. Como consecuencia tengo impedimento auditivo del oído izquierdo. También atribuyo a esta tortura el desprendimiento de retina sufrido del ojo izquierdo hasta la fecha, a pesar de la cirugía a que fui sometido ya no logré recuperar la visión. Del oído aún me falta ser atendido, no lo puedo hacer por no contar con recursos económicos.
TEJURUGUAI y CACHIPORRA: Con el primero fui recibido al llegar a Investigaciones; con el segundo fui golpeado por las plantas de los pies.
CABLES TRENZADOS: De igual manera.
TOALLAS MOJADAS: De la misma forma.
PICANA ELÉCTRICA: Me aplicaron en la boca, las axilas, en el cuello, los testículos, en las orejas y en el ano.
TIRABUZÓN: Consiste en un círculo formado por ocho a diez PYRAGÜE totalmente drogados, me introdujeron dentro del círculo con las manos esposadas hacia atrás, las esposas atravesadas por el cinto.
SIMULACRO DE FUSILAMIENTO: Una tardecita; habrá sido a eso de las cinco, cinco y media, me llamaron y sacaron de Investigaciones, me llevaron a la orilla del río Paraguay, en Lambaré, me condujeron en la "Caperucita Roja", así llamaban al vehículo. Por el trayecto los pyrague, algunos me decían "rehota en libertad", otros "rehóta reñemombo argentinape". Ellos, los pyrague, constantemente mencionaron los nombres de sus jefes, que por órdenes de DUARTE VERA o EDGAR L. YNSFRÁN o HELLMAN o CAMPOS ALUM o VÍCTOR MARTÍNEZ, me estaban conduciendo para mi última morada.
** Llegamos a un punto, en el cual había una casa, rancho con techo de pajas, donde el Crio. JULIÁN RUIZ PAREDES con seis pyrague más, me dijeron que me reunía con un tal VENIALGO. Por las conversaciones que mantenían entre sí, me di cuenta que se trataba de la casa de un pescador que también estaba detenido al igual que yo, se apellidaba BENÍTEZ.
** En el rancho, como único habitante, había un escuálido perro que ladró a nuestra llegada intermitentemente, y le dispararon tres tiros de pistola que le hicieron correr despavorido. En los alrededores del ranchito no se veía vecino alguno. En el rancho había pocos enseres. Recuerdo dos catres, una mesa muy rústica, sillas feas, por la pared de estaqueo y barro estaba arrimado un par de rerrios, una pala machete con gancho de palo, etc. Me insistieron que yo sabía que por ese lugar venían los conspiradores, que yo me reunía allí con ellos. "Emombe u porántena, Barreto porque rohóta rogueru ne rembirekópe avei". "Eru cheve ha jaha ja juka", dijo LUCILO BENÍTEZ, alias KURURU PIRE, tomándome del cuello y zarandeándome. En todo tiempo yo estaba esposado. Me sacaron las esposas, me obligaron a tomar la pala, me condujeron cerca del río. Los pyrague fuertemente armados, con fuerte tufo de caña, algunos estaban drogados, iban detrás de mí en semicírculo. A tres o cuatro metros del río, me obligaron a cavar lo que sería mi propia tumba. Cuando terminé de cavar, me obligaron que me arrodillara en la fosa, que rezara, que les pidiera perdón, así lo hice. Yo temblaba más del miedo que de frío. Me despojaron del abrigo, quedé en camisa de manga larga.
** Rompieron la manga de la camisa que tenía puesta con un puñal, con la manga de la camisa ataron mis ojos, me empujaron, me pateaban dentro de la fosa. Me acostaron boca arriba, me introdujeron en la boca el cañón de un arma de fuego dañándome la bóveda palatina. En todo ese tiempo hacía mucho frío y caía una garúa intermitente. Era el día 6 de julio, cumpleaños de mi señora esposa NIMIA. Esperé con mucho miedo los disparos, yo lloraba, no veía nada, absolutamente nada, los pyrague riéndose de mi llanto y mofándose de mi cobardía. De pronto sentí los disparos muy cerca de mi oído izquierdo, el barro me entraba por la boca, el oído y la nariz, no así las balas. "Ne inútil, erú chéve", escuché, seguido sentí nuevos disparos y un fuerte golpe sobre mi pecho, creí que fueron las balas, que me oprimían el esternón. Nuevos disparos y otro golpe sobre mi sexo, no entendía lo que pasaba, creí que así me estaba muriendo. Por milésimas de segundo me dije: "había sido que así es como se siente la muerte". Otros disparos y el golpe en mi cara, vi la imagen de mi madre, ya fallecida. Nuevos disparos, otro golpe en mi cara, algo muy frío me estaba ahogando, me llenaba la boca, la garganta, mis narices, los oídos y mis ojos. Era la arena mojada que me estaban arrojando con la pala a la par de los disparos.
** Las paladas de arena no cesaban. Me estaban asfixiando. Yo no podía gritar, sólo luchaba por salir de aquel infierno pero las patadas me volvían a acostar. Alguien se paró encima de mi pecho, otros sobre mis brazos, y seguían las paladas de tierra mojada. El gusto ocre de la arena mezclado con la pólvora me asfixiaba. Ya agotadas mis fuerzas, me entregué, y seguían echándome tierra encima. Una horrorosa sensación de muerte, las carcajadas, barros, golpes, disparos, olor de pólvora, me parecían que no terminarían nunca. Cuando los pyrague se cansaron, me estiraron de los pies, me arrastraron al río. Me arrojaron al agua, cerca de un bote, allí me desvistieron para sacarme los barros de encima. Me obligaron a lavar mis ropas y torcer, ya no tenía fuerza yo, lo hicieron ellos, me vistieron, me condujeron al vehículo para retornar. Este "trabajo", en la jerga de los pyrague, habrá durado como tres horas.
INSTITUCIONES DE RECLUSIÓN RECORRIDAS
** Dpto de Investigaciones, una Comisaría que nunca liude identificar, donde estuve por una semana, Guardia de Seguridad, las siguientes comisarías: 1ra., 2da., 4ta., 8a, Comisaría de San Lorenzo, Serv. de Automotor de la Policía de la Capital, Dpto. Central, Campo de Concentración de Emboscada.
SECUELAS DEJADAS POR LAS TORTURAS
1.- Pérdida de la visión del ojo izquierdo por desprendimiento de retina, ocasionado por los golpes recibidos. Recién en el año 1991 pude someterme a cirugía, por no contar con recursos económicos. Sanatorio "Centro de Ojos Ituzaingó", ciudad de Buenos Aires, República Argentina (arrimo pruebas).
2.- Rotura del tímpano del oído izquierdo, causado por aplicación de agua con manguera, arriba ya explicada. Aún falta atención médica de esta dolencia.
3.- Rotura de los meniscos de ambas rodillas. 1a. Operación de la rodilla izquierda, Sanatorio de los Primeros Auxilios. Cirujano: Dr. Palumbo. Fecha: 26 de setiembre de 1987; 2a. Operación, Sanatorio San Roque. Cirujano: Dr. Espínola. Fecha: 21 de abril de 1994 (de ambos casos, arrimo pruebas).
4.- Cirugía del testículo derecho: Hospital Universitario. Cirujano: Dr. Luis Onetto. Fecha: 20 de julio de 1988 (arrimo pruebas).
PERJUICIO PATRIMONIAL
** Cuando fui secuestrado con mi señora esposa, vivía en el domicilio de mi suegra, la Sra. PRUDENCIA RUIZ DÍAZ, en el barrio anta Lucía de Lambaré. La Policía de la Capital ocupó dicho domicilio por varios meses. Mi suegra, mujer sola, debió abandonar la casa e ir a refugiarse en casa de un pariente, hoy fallecido, presionada por la Policía. Durante el tiempo de la ocupación, la policía aprovechó para robar todo lo que había dentro del hogar: máquina de coser, ventiladores, cocina a querosene, muebles, ropas, camas, herramientas, menajes de cocina, libros, puertas, posters, alambres de cercado, etc. Lo más importante, robaron documentos de un terreno mío que ya llevaba pagado por más de seis años, de una loteadora, OGA S.R.L., hoy ya desaparecida. El lote está ubicado en el barrio Tembetary.
INDOCUMENTACIÓN
** Cuando me pusieron en libertad, el 15 de febrero de 1978, la policía no me entregó ningún documento de identidad, que lo secuestraron durante el allanamiento del domicilio. Esa misma tarde del 15 de febrero, el CIPAE, Comité de Iglesias para Ayudas de Emergencia, me entregó un documento "de identidad" provisorio, mientras comenzaba las gestiones para obtener la cédula del Dpto. de Identificaciones.
** El 17 de febrero de 1978, fui al Dpto de Identificaciones para gestionar la Cédula de Identidad. Un oficial Inspector de la Policía vino con la solicitud que yo había llenado en mano, y me dijo -"Los recién salidos de prisión no pueden solicitar aún ningún tipo de documento, porque estaban en observaciones por las Fuerzas de Seguridad". Ante esta situación concurrí a la oficina del Dr. JUAN SALAZAR VILLAGRA, un ex compañero de prisión en la comisaría 4ta. y de Emboscada, me llevó junto al Abogado, Notario y Escribano Público LUIS M. BRUNSTEIN, quien me pidió un Certificado de mi nacimiento y una foto carnet. Así lo hice. El Escribano pegó mi fotografía por el certificado, selló con la siguiente inscripción: "Certifico que: Que este documento y esta fotografía corresponden e identifican a EMILIO BARRETO DÁVALOS concretamente. Asunción, 12 de marzo de 1978" y estampó su firma. Es importante consignar en esta parte, que para mi movilidad y mi inserción de nuevo en la sociedad, dada la persecución permanente a los luchadores sociales, después de 13 años de prisión, necesitaba contar con el documento policial. Tenía que buscar trabajo, ir al hospital para mi tratamiento médico, tratar de proseguir mis estudios, etc. El documento que tenía muchas veces me han rechazado, en otras me requisaron, tanto en organizaciones públicas como privadas. Me hacía sentir esto que mi prisión se había ampliado nomás. Me causó mucho perjuicio económico y moral, psíquico y físico, social y afectivo. El 17 de octubre de 1978, después de ocho meses, volví a intentar conseguir la Cédula de Identidad, a la sazón el director fue GUSTAVO GIMENEZ, quien me hizo pasar a su despacho, me sometió a un interrogatorio extenso y extorsivo, en presencia de dos oficiales escribientes, que me han fastidiado enormemente por la mala intención de incomodarme. Les comenté, imploré que no contar con un documento personal era como ser un muerto civil y jurídico, y que no tenía ninguna intención de salir del país e ir a la China Comunista ni a la Cuba de Fidel, que todo eso se le ocurría a él (GUSTAVO GIMÉNEZ), que yo en ningún momento le dije eso. Después de hacerme firmar una declaración, elaborada por ellos, en la cual yo me comprometía no abandonar el país, luego de esto, me tomaron varias fotografías y las impresiones digitales.
** Después del fastidioso momento pasado, me pregunté "cuándo puta va a terminar esta tortura de mierda". Salí a la calle, el calor que pasé adentro de Identificaciones me corría las espaldas, el viento de la primavera me llevó hasta la plaza Uruguaya. Sentí fuertes ganas de patear algo, me senté en un banco. Luego de meditar un rato, me acordé de varios compañeros que aún siguien en los calabozos, que no estarían viendo los lapachos floridos, "mal ajeno, consuelo de tontos", pensé. Al volver el 23 de octubre, para retirar la Cédula, me encontré con otra sorpresa, que dicho documento no se me podía entregar por ORDEN SUPERIOR. El oficial 1° Benítez de quien no retuve el nombre, muy "amablemente" y hasta con timidez me dijo"su libertad señor dice que es condicional". A otra pregunta, se excusó de responder igualmente amable. Me dijo además que yo debía presentarme en la comisaría de la jurisdicción del barrio donde vivía semanalmente, a firmar un libro de asistencia.
** Nunca lo hice. Sin embargo, salí del país con el documento que me expidió el Escribano Brunstein. Viajé a Buenos Aires, pasé a Clorinda por Falcón. Fui a Montevideo en ómnibus. Fui a San Pablo, Brasil, por avión, porque no se necesitaba de pasaporte. Eso sí, en cada ocasión tenía que dar una larga explicación para conseguir pasajes. Para salir y entrar al país ya no tenía problema, me acostumbré a las dificultades engorrosas que debía soportar. Dentro del país, sí que tenía problema. Por el miedo que la gente tenía a la dictadura, a la represión. Nadie quería "complicarse" en darme trabajo, inscribirme en instituciones públicas de enseñanza, igualmente privada. En IPS no me querían atender, tampoco en Clínicas, Cruz Roja, y hasta en algunos consultorios privados. Si lo conseguía fue vía amistad y con recomendaciones. Los parientes no querían recibirme, me negaban saludos.
** El estigma con que me marcó la dictadura, me perjudicó hasta para recobrar mi salud. Un día, el 11 de noviembre de 1984, encontré a un conocido, al tristemente célebre comisario JOSÉ LEÓN HERMOSA, fue en la PARRILLADA LA PARAGUAYITA, me reconocía, fue Comisario en la Comisaría 4ta., donde también guardé mi prisión. Luego de los saludos de rigor, y de ratificarme su "amistad", tras una amena conversación y querer convencerme de las bondades de la dictadura, me lanza una filípica, seguida de una perorata seudo moralista y fastidiosa. Luego, con mucha cortesía, me entregó su tarjeta personal e invitándome a que lo visitara. Lo hice, claro, con una obsesión, sólo para conseguir mi cédula. Me apersoné, días después, en su oficina, me hice anunciar, en segundos, nada más, y me invitó a que me ponga cómodo. El señor JUAN CARLOS HERMOSA, así lo conocí por el año 1958, cuando yo era alumno de teatro de la famosa actriz MERCEDES JANÉ, y él era actor de radionovela, terminó una conversación por teléfono y ya fuimos al grano de mi visita. Tomó el teléfono, habló con un tal Comisario PEÑA, a quien casi como orden pidió le acercara la Cédula de identidad hasta su oficina, luego agradeció la amable atención. Diez minutos exactamente duró y la Cédula, ya la tenía en sus manos este señor. A mí me costó SEIS AÑOS tomarla en las mías, tras haberla gestionado. Mucho le agradecí el favor y me despedí.
** Al fin pude tener en mi poder la famosa cédula. La misma tiene una marca que la Policía decodifica cuando se me requería y me espetaba en la cara "¡nde preso político!". De esta forma se encargaba el policía de recordarme mi estigma, hacerme sentir que sigo preso aún fuera de las mazmorras de la dictadura.
** En verdad eso fue así hasta poco tiempo después de la caída de la dictadura. Esta marca amarrada como una giba a las espaldas. Los daños sufridos por la falta de documento de identidad, repito, son difíciles de cuantificar. Donde más fui perjudicado, fue no poder seguir mis estudios en forma legal. Tampoco no poder gestionar absolutamente nada para recuperar mis bienes, que los adquirí con mucho sacrificio de trabajo honesto. La dictadura quiso convertirme en un vulgar mendicante de favores. Los gastos económicos que demandaron las atenciones médicas para nii recuperación ascendieron a cifras considerables, teniendo en cuenta la gravedad y cantidad de cirugías a que debía someterme. Para cada cirugía debía ahorrar con mucho sacrificio, muchas veces privando a mis hijos de alimentos, educación y comodidad digna de seres humanos. Aveces tuve que recurrir a la solidaridad de mis amigos. Cada intervención quirúrgica la hacía no por orden de gravedad sino de movilidad, como por ejemplo, priorizar las rodillas al desprendimiento de retina. Esto se agravaba aún más por el tiempo que transcurría en la recuperación, pues la fisioterapia resultaba costosa y lenta.
Por tanto, exijo que el ESTADO PARAGUAYO responda por los perjuicios que me ha ocasionado la dictadura tanto en lo patrimonial, físico y síquico.
EMILIO BARRETO DÁVALOS - LAMBARÉ-PARAGUAY- 0l de julio de 2002.

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