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lunes, 3 de octubre de 2011

CLYDE SOTO - DEMOCRACIA: UNA CONSTRUCCIÓN DESDE EL FEMINISMO / DECÍDAMOS, CAMPAÑA POR LA EXPRESIÓN CIUDADANA






DEMOCRACIA: UNA CONSTRUCCIÓN DESDE EL FEMINISMO



Aunque al feminismo muchas veces se lo ha ubicado entre los llamados nuevos movimientos sociales, por su aporte renovador de las visiones de la sociedad y las relaciones humanas, se trata en realidad de uno de los movimientos colectivos de pensamiento y acción más antiguos entre los que hoy existen.


Las feministas reconocemos los inicios de nuestra lucha ya allá por la Revolución Francesa, y aunque estos más de dos siglos de historia han estado llenos de altibajos, de pausas y retrocesos, una mirada de largo plazo no puede menos que admitir las grandes transformaciones habidas en lo referente al lugar que las mujeres ocupan en la humanidad.

Es interesante notar que el momento iniciático de las democracias modernas es el mismo que el del feminismo. Las democracias nacen excluyendo a las mujeres del derecho al sufragio y a la representación política, y el feminismo surge contestando desde sus mismos inicios esa forma de exclusión, cuya reversión es aún un proceso en curso.

La democracia es una construcción, más una aspiración que una situación a la que se arriba de una vez por todas y definitivamente. En la construcción de democracia las propuestas desde el feminismo han sido claves, desde el ya lejano derecho al voto peleado por las sufragistas hasta el acceso paritario a los espacios de representación, decisión y poder, que hoy en día constituye una de las demandas centrales del feminismo internacional. Y además, han sido colocados en la agenda pública temas claves para la redistribución del poder entre los sexos, como los referentes a la educación, la familia, la sexualidad, la reproducción, la violencia, el trabajo, los recursos, entre muchos otros.

La apuesta del feminismo ha sido transformar las vidas cotidianas, las mentalidades, las sensibilidades y las instituciones donde se produce y reproduce la discriminación hacia las mujeres. De ahí la relevancia de la mirada feminista a los estados, con el objetivo de radicalizar la democracia a través de la inclusión de lo excluido, de la incorporación de temas antes no contemplados. Desde el feminismo, se coloca en el centro de la construcción democrática la necesidad de redefinir los vínculos entre lo público y lo privado, desatando los impedimentos que históricamente han existido para la ciudadanía plena de las mujeres.

Los estados no sólo concentran el poder legítimo, sino que además tienen capacidad para instaurar nuevas realidades a través de las leyes y de las políticas públicas. Las democracias son los contextos más favorables para la lucha por los derechos de las mujeres. Eso se ha podido ver los países del Cono Sur, donde el movimiento de mujeres ha aprovechado al máximo sus respectivos procesos de democratización para producir importantes cambios que durante los regímenes autoritarios eran impensables. Los avances compartidos se refieren principalmente a un marco propicio en materia legal, tanto en las leyes internas de cada país como en cuanto a la adopción de instrumentos internacionales de derechos humanos de las mujeres, así como al establecimiento de mecanismos institucionales que en cada país tienen el encargo de impulsar la igualdad de género.

No obstante, actualmente son visibles y palpables los numerosos obstáculos para que nuestras democracias limitadas incluyan de manera plena estas cuestiones, más aún si se consideran los nuevos desafíos y transformaciones propios de la era de la globalización y de nuestros todavía incipientes procesos de integración regional. Entre los nudos más difíciles de desatar podemos recordar los siguientes:

- La dificultad de trascender desde el nivel discursivo a una plena incorporación transversal de la igualdad de género como perspectiva que atraviesa las políticas públicas. Muchas veces estos temas son puestos en las agendas de los gobiernos apenas como concesiones frente a las presiones de organismos internacionales, de agencias de cooperación y de compromisos internacionales adquiridos por los estados. Es frecuente además que estos temas sean los primeros en sufrir recortes o en ser eliminados frente a las cambiantes coyunturas políticas y económicas, o simplemente terminan siendo despolitizados y sin grandes posibilidades de impacto.

- Los asuntos relativos a la igualdad de género de los cuales los estados han pasado a ocuparse en el marco de los procesos democráticos son aquellos menos conflictivos en términos de distribución del poder entre mujeres y hombres. Cuestiones centrales, como las relativas al trabajo doméstico o a los derechos sexuales y reproductivos, han sido marginales en cuanto a la instalación de políticas públicas que enfrenten las discriminaciones y las limitaciones para el ejercicio de derechos por parte de las mujeres.
- Nuestros procesos democráticos parecen convivir tranquilamente con el aumento de poder de sectores conservadores e incluso fundamentalistas, opuestos a todo avance en lo relativo de los derechos de las mujeres y de las personas en general, en particular en referencia a los derechos sexuales y reproductivos. Estos sectores también ponen en juego su proyecto político y hacen uso de las reglas de la democracia para ganar espacios. Así, de la democracia política no sólo se sirven o benefician quienes desean más derechos para las mujeres, sino también quienes desean limitar estos derechos en nombre de sus creencias y valores. La democracia es un escenario de lucha por los derechos de las mujeres, no necesariamente un escenario de garantías para los mismos.
- Las desigualdades económicas y sociales derivan en un impedimento para la participación en el juego democrático de una importante proporción de la población, donde desde luego las mujeres ocupan un espacio destacado. No es posible pensar en una construcción feminista democrática que no articule el problema de la discriminación de género con las diversas formas de discriminación vigentes en la sociedad.

Construir una democracia que no excluya a las mujeres es una tarea que requiere generar instancias y mecanismos para la ampliación de la participación directa de la ciudadanía en general. Para las mujeres, estos procesos pueden facilitar el acceso a la arena política y pública y, además, ampliar el espectro de temas e intereses que son incluidos como asuntos fundamentales de la democracia. Desde luego, la posibilidad de que a través de estos espacios y mecanismos se logren cambios positivos para las mujeres está en directa relación con la incorporación de prácticas renovadoras de la política, con la valorización de la diversidad y con la capacidad de confrontación de las viejas ideas que sostienen la discriminación y la exclusión social.




DECIDAMOS, CAMPAÑA POR LA EXPRESIÓN CIUDADANA

Registro: Setiembre 2011

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