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martes, 19 de octubre de 2010

GENARO RIERA HUNTER - EL DESGOBIERNO Y SU LEGADO A LA NACIÓN (UPÉICHANTEARAVOÍ) / Registro: Octubre 2010.


EL DESGOBIERNO Y SU LEGADO A LA NACIÓN
(UPÉICHANTEARAVOÍ)
(Enlace a datos biográficos y obras
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EL DESGOBIERNO Y SU LEGADO A LA NACIÓN
La desesperanza y la desconfianza  en los valores de la democracia está  siendo uno de los saldos más evidentes de este melancólico y asustador final de gobierno. En rigor, un desgobierno que dejó y viene dejando a las demandas de la población, a sus deseos y esperanzas,  al  “Dios dará”. Literalmente, se constata hoy, que  la nación fue abandonada a su propia suerte y destino,  por la acción perversa e irresponsable de sus hombres de estado y el poder ejercido por  los políticos y sus partidos en causa propia.
La constancia e inmutable acción populista, activista y oportunista,  fundamentalmente,  no dignifican la  acción política que es antes que nada provocación para la transformación social  responsable. El poder ejercido en el sentido de una pura inercia de auto beneficio egoísta,  desconsiderado con relación a la ciudadanía y  en un horizonte de bien común,  se convirtió en la estereotipia  política de nuestros hombres de estado.
La democracia es un sistema que debe  beneficiar a la nación y no estar a servicio de un poder, que sirva como instrumento del político, para su auto beneficio. Se salió de la férrea dictadura y hoy casi se pasa a “privatizar” la democracia. Se  la hace privativa de un uso para el exclusivo beneficio  de los partidos políticos en sí. El político no está siendo así un agente del bien público  y sí alguien que se vuelve hacia  un gozar  egoístico y solitario en su auto beneficio. La democracia se reduce hoy, para este tipo de agente de la política, a ser   un instrumento  para sus satisfacciones pulsionales inmediatistas. Deja así, de ser un recurso válido para encaminar soluciones para las demandas de la población. De esta manera, se puede comprender,  por qué el poder político se presenta  desvinculado de las demandas ciudadanas. Es que la democracia, así pervertida, ha dejado de ser solución para las cuestiones  sociales y, consecuentemente, la desconfianza se instala,  generando las condiciones para el regreso de la verticalidad autoritaria. Crea, al mismo tiempo,  las condiciones para lo que se puede llamar  de  la pérdida del juicio social-mental. El legado perverso del desgobierno actual acaba siendo, entonces, esa asociación  destructiva entre  democracia e instrumento de goce para el poder político de turno.
Todo esto, asociado al hecho de que no hay una política clara de un esquema al modo Bush digamos con relación a Latino América, deja a la nación paraguaya  naufragando en lo peor de un capitalismo corrupto y mafioso, totalmente ineficiente en la obtención de un beneficio para la nación.
Parece que conseguimos así, mostrar al mundo, el lado más perverso a que el  capitalismo, asociado a un desgobierno, puede llegar a  producir: la mafia instalada en el estado y su política. Conseguimos como nación,  llegar al  lugar de ejemplo de corrupción, pobreza y perversidad del dicho sistema.
Es así entonces, que este vacío de gobierno, que ésta irresponsabilidad y descompromiso  con relación a la función política, va creando el camino para el retorno posible  de algún “Señor Absoluto”.   Vale decir,  de  algún amo o tirano “salvador de la patria”  a ser reinstalado en el ejercicio del poder.  Algo,  que se ve  venir,  como la  única alternativa de respuesta a ese “no hay gobierno” que se fue instalando en nuestro llamado proceso de transición.  Nuestra población  termina teniendo  la nostalgia por el antiguo general dictador o por sentirse  atraída y esperanzada  con un futuro nuevo general plenipotenciario  en el poder.  Poder este de amo, en supuesta contraposición y respuesta  al uso perverso y mentiroso de una democracia, que fue  utilizada al servicio del egoísmo mafioso y descomprometido de los agentes políticos.
El horizonte del retorno del dicho “señor absoluto”, es consecuencia de la pérdida y de las desvinculaciones  de ideales y sueños en la conducción de la vida social. La pasividad,  que implica ese tipo de apelación,  es un efecto de la pérdida de  los ideales democráticos y  lleva, entonces, a la reinstalación de esperanzas en el autoritarismo.
La así indicada pasividad de nuestra gente  es, por lo tanto,  otro  de los legados indiscutibles de la actual coyuntura política  y está  determinada por las rupturas con los dichos ideales. Se termina así legando  de esa manera,  las condiciones que propician   el retorno del poder dictatorial que consolida esa posición pasiva de los sujetos  ante ese Otro todo poderoso. Aquel que impone un destino. El paraguayo, como lo indican Ana María  Añazco y Adela Jover,  en un trabajo de jornadas del  Ágape Psicoanalítico paraguayo,  “tiende  a confundir compromiso con sumisión”, algo que lo predispone a esa pasividad ante una autoridad, más aún, si ella se muestra autoritaria.  La otra posibilidad de presencia pasiva, es también, la de acentuar el  conformismo con cualquier cosa que esté presente o venga a darse. Que se continúe a aceptar cualquier tipo de decisión o imposición desde lo político en franca degradación. Corresponde esa actitud de resignación de las personas, ante lo que se les presenta como un destino inevitable, a eso  que el idioma guaraní consigue nombrar muy precisamente como upéichantearavoí.
Una democracia irresponsable, desgobernada y con falta de actos políticos verdaderos  terminará indefectiblemente  en in-creencia  y creando lo peor: las apuestas en el autoritarismo y en el conformismo pasivo.
Existe desgobierno porque no se hace lo que se debe hacer en el momento oportuno,  y de esa manera,   no se sustenta al acto genuinamente político.  Generalmente se sabe más de lo que se cree y se hace menos de lo que se puede,  Y así,  en esta complejidad de acciones y no acciones, movido por los intereses egocéntricos,  fueron ellos, los propios políticos,  los que se mostraron indiferentes a la política misma. No se implicaron en sus discursos, en sus palabras,  no se comprometieron con lo que dijeron.
Esta muerte radical  de la palabra de los políticos, es lo peor que  a  la nación entera le puede pasar.
La destrucción de los valores  de la democracia como recurso e instrumento de una política de estado,  con su consecuente llamado al poder del tirano,  se repite en nuestra historia de nación.
Dos aspectos de la dinámica de la gobernabilidad nos parecen significativos en esa persistencia repetitiva para seguir comentando próximamente: 
La primera, es esa insistencia que se constata en nuestra historia de la búsqueda de  solución para las crisis políticas y económicas del país,  por medio de la instalación del  poder tiránico y autoritario.  La segunda, la pasividad insistente de la población. 
       
II
Desde nuestro conocido “El Supremo”, luego con los López y  hasta poco antes de la instalación de este actual  desgobierno (la época de la dictadura stronista),  el Amo tirano, es lo que se  viene presentando  como referencia de poder y gobierno posible.
La democracia, la vida social participativa,  no llegó ni llega a  consolidarse como alternativa válida en nuestro país  y acaba siendo usada para la adquisición  y medio de consolidar  un poder de los partidos políticos en sí,  y no, como un recurso, un procedimiento, de la política para que la población encuentre un camino de resolución de sus demandas y malestares.
Es preocupante e inquietante este hecho y merecería una mayor atención de nuestros sociólogos.  Porque si insiste esta alternativa del  “Señor del poder absoluto”, que no se somete verdaderamente a las restricciones del juego democrático del poder, esto debe tener sus motivos y determinantes históricos. ¿Qué es lo que determina que la nación paraguaya no consiga sustentarse en democracia y acabe siempre apelando al poder y a la ley del tirano. ¿Qué destino implacable es este  que se nos impone?
El otro aspecto constatable y tan  inquietante como lo anterior, es la pasividad indiferente de la población, la franca actitud de resignación de nuestro pueblo ante lo que sería un destino de precariedad y de sumisión a una realidad que, simplemente, es vivida como impuesta. Nuestro conocido “upéichantearavoí”. . La pasividad es el efecto de una posición sumisa ante el Otro y es algo que puede llevar a una respuesta “activa” de puro rechazo de una ley o autoridad por los caminos de un descompromiso subjetivo. Algo que se manifiesta francamente en nuestro también muy  conocido e insistente “opareí”.
La sumisión es algo que puede indicar   la certeza del sujeto  sobre  una satisfacción segura y  por fuera del deseo. Siendo este último el que podría  producir y llevar a realizar  una dinámica vital  y a  una amplitud de  posibilidades singulares.
La pasividad es pareja del autoritarismo. Es pareja,  pues la irresponsabilidad pasiva implica  el esfuerzo por hacer poco caso al deseo. Responsabilidad, requiere en consecuencia,  poder establecer ciertas renuncias de satisfacciones  como todas y totales. Satisfacciones, estas últimas,  supuestamente plenas,  que imaginariamente  se depositan como posibles en el Otro del amo y señor, como gran dador este,  de un  goce sin restricciones.
Se es así  pasivo,  en esa  espera astuta de una gran e infinita satisfacción que sería posible.
Se podría decir que existirían tres  características psicológicas asociadas al tema de la sumisión :1) la dependencia,2) la espera y 3) la labilidad. Para que exista dependencia la paciencia y la labilidad de criterio son esenciales cuando se trata de obtener del Otro “señor absoluto”  del poder  un beneficio que se prejuzga total.


III
Con relación a la sumisión y a la actitud pasiva, se puede afirmar que, en general,  se depende a condición de recibir  algo supuestamente valioso  del Otro y que  como medio para obtenerlo,     tenemos como recursos  la sumisión y  la  espera pasiva. Estas son actitudes esenciales, que sumando a la labilidad de opinión, es decir,  el cambio de criterio según el amo o señor  de turno (de quien se espera precisamente el objeto de satisfacción total), completa las posiciones subjetivas que llevan al continuismo.
El continuismo no es otra cosa que el mantenimiento constante y repetitivo de una  situación y para ello, estas características psicológicas,  se convierten en armas resistenciales a una  participación democrática más verdadera. De hecho,  son siempre  usadas y valoradas las  dichas actitudes,  por el tirano de turno.
El campo de los deseos responsables  es algo que   compromete para  establecer elecciones, selecciones y lucha, para caminar en la conquista del llamado personal, o una  particular forma  de encontrar satisfacciones. Ser responsable es, en cierta medida,  empujar la  propia singularidad de goce y es también,  admitir lo  no universal de la felicidad. La felicidad, cuando algo de ella se busca y realiza,  es a nivel del  uno por uno en el deseo y en  la responsabilidad de lo que  uno escoja. Responsabilizarse, es al decir de Freud,  efecto de una elección de la economía libidinal subjetiva.
De esto es que se deriva,  que las acciones políticas legitimas  tienen el deber de ir generando condiciones sociales- culturales propiciadoras de respuestas a las diversidades de las demandas  para que de esa manera el abanico de posibilidades exista,  y cada uno  pueda ir encontrando su estabilidad de satisfacciones. Así,  en esa medida, puede darse  el sujeto productivo y comprometido. Un sujeto que  se aleje de la tentación a la destrucción que las idealizaciones generalizantes  que  una cierta fascinación por el  goce pleno  conllevan.
En el caso de una posición sumisa- dependiente, o se pasa a vivir la dicha falta como algo inevitable, ante lo que nada se puede hacer sino resignarse,  o se imagina y apuesta que algún Otro, amo del poder,  se hará cargo de la misma.
Podríamos afirmar entonces, que la sumisión al Otro del poder corresponde a una patología del deseo. A una  anulación del mismo y a una continua expectativa o predestinación de fracaso inexorable.
La posición y actitud pasiva – dependiente  es algo que,  por lo tanto, desde el psicoanálisis, se puede interpretar como efecto de renuncia al deseo,  a la actividad deseante de un sujeto. Posición pasiva y dependiente indica un estado de seducción y representa al mismo tiempo,  el anhelo del sujeto  de ser como el otro, a su imagen. La necesidad de contar  una autoridad admirada e idealizada  ante la cual  inclinarse,  someterse  y de quien depender, es  como señala Freud,   la característica de la psicología de las  masas.  El líder autoritario tiene como una de sus funciones, el alivio de la responsabilidad a los miembros de la  dicha masa. Todo  conglomerado de ese tipo  es a principio irresponsable porque se presenta desubjetivado.
La autoridad cuestionada, denigrada hoy en el mundo moderno,   promueve o puede acabar estimulando  la recuperación de la misma,  bajo la figura del tirano o del retorno de fanatismos religiosos y políticos.
Ante la desorientación sobre las referencias de autoridad  que se viene presentando en nuestros días, la descreencia en sus lugares y funciones tradicionales y,  sobretodo,  cuando lo que se muestra es el uso perverso–cínico y mafioso del poder político y sus instituciones, lo que se puede acabar esperando, al llegar al fondo del pozo, es el resurgimiento del conductor de un rebaño desubjetivado. Vale decir, el incremento de la sumisión y la pasividad de nuestra gente.

IV
Sin duda que toda cultura y vinculo social genera siempre algún tipo de malestar; pero hay maneras y maneras de responder al mismo. La cuestión que tenemos es que las respuestas de la nación paraguaya insisten en presentarse repetitivamente  como trágicas,  melancólicas o repetitivamente autoritarias - cínicas.
Una de las cosas que  sabemos cómo psicoanalista es  que la melancolía, la desesperanza, es el efecto del deseo en estado de anulación,  y que puede acabar posicionando al Otro del poder,  como el dueño de todo el deseo y lugar de goce  posible. Otro este, en posición de  señor dominador y dueño  de las respuestas autoritarias al malestar social y cultural. La  posición melancólica no deja de ser así,  el efecto de una gran pasividad y sumisión a las determinaciones del Otro del poder en posición de anulador  del dicho deseo.
La masa en desgobierno quiere un héroe o  un caudillo conductor que venga a ocupar  el lugar del  ideal del yo, alienando  así al deseo y a la  subjetividad en las determinaciones del Otro en posición de líder.  Necesita elevar   al dicho otro a  la posición  de Gran Señor Mandatario. La relación entre el  gran hombre y el pueblo consiste en que el héroe tenga su pueblo pero así también el final del héroe es trágico,  así entonces, la relación héroe -pueblo puede complementarse con la  muerte del héroe (gran hombre) con pueblo. Es decir, siguiendo  el pensamiento Freudiano,  se trata que  el ideal y el parricidio son dos lados psicológicos del ser humano, que en el tiempo de las elecciones,  confluyen para la construcción del líder del momento. Se requiere que el líder tenga su pueblo pero llegado el caso el pueblo requiere la muerte  o la anulación de ese líder. En esta  circularidad  se mueven las sociedades corruptas y atrasadas.
En consecuencia de lo dicho,  tendríamos que pensar un poco más seriamente,  en qué es lo que lleva a que nuestra gente renuncie tan fácilmente al deseo propio  y a  lo nuevo, acabando  por otorgar al gran Otro,  esa condición de plenipotenciario en  sus caprichos. O, por otro lado, a que se debe esto de que  se deje engañar tan fácilmente al servicio de un esquema seudo democrático y acabe en las manos de un gran incapaz irresponsable, donde la dicha democracia no sirve ni tan siquiera  para corregir la situación.
¿Qué es lo que impone  que la nación  se venga  resignando  históricamente y repetitivamente  a un destino de fracaso de sus sueños y esperanzas, aunque sea,  en el interior de la llamada apertura democrática. Qué pasa que  no se logra  elegir el camino hacia  lo que realmente podría llevar a un cambio verdadero del manejo y  utilización del poder político?
Tendríamos que indagarnos sobre esa insistente repetición de lo mismo  en nuestra cultura del poder, sobretodo,  en este momento,  que tenemos elecciones a la vista... Porque la cuestión no se resume en sacar o cambiar al presidente actual. Sabemos que está presente en nuestra historia  ese empuje a insistir en lo mismo con otras ropas o maquillajes, que hoy la  seudo democracia puede ofertar con alguna abundancia. De dónde será que nos viene esa avidez por el poder político –rapiñante- con relación a su compromiso con lo social. Es inútil ponerse a culpabilizar solamente al gobernante o al partido político de turno. Que cambiando al hombre o al partido se daría el cambio necesario. La democracia está hecha para garantizar esa posibilidad, pero lo notable  es que  en  nuestro país, se cambia para no cambiar. Insiste democráticamente la misma cosa, el continuismo, aunque sea de “oposición”.

V
Hasta el momento lo que se viene mostrando como la única diferencia constatable, es la lucha interna que se verifica  entre las ávidas  fracciones intra partidarias y el hecho de que todos se levanten  contra el presidente actual. Todos  así,  se muestran de oposición, inclusive los oficialistas,  como   nueva estrategia esta, para llegar al poder!  La presidencia actual fue tan incompetente, corrupta  y devastadora para el país,  que consiguió lograr eso de que todos los partidos se posicionen unida y  lógicamente contra un solo hombre, al que, paradojalmente,  lo vienen  manteniendo en su  lugar, para así,   servir  de único y gran causador de los males de la nación. Finalmente,  el presidente sirve para algo! Presta un  gran servicio a la política electoral. Indicando todo que en esa función permanecerá hasta agosto. Feliz este señor,  con un poco mas de goce descomprometido  y parrandero a costillas  del estado.
Lo que no se coloca o discute asumidamente, es el tipo de poder que puede venir a constituirse en substitución a la gestión de nuestro ejecutivo actual. Al principio, se presenta como muy obvio,  que lo que se necesita es  de un gobierno. Un gobierno que pueda ejercer efectivamente el poder político. Lo que no queda establecido, es que el ejercicio del poder público legítimo, implica  ejercer una función delimitadora y orientadora de una política al servicio de los intereses de la ciudadanía. Algo opuesto al uso del poder en auto-beneficio prioritario.
Se mantiene así  sin tocar el horizonte, para que lo de siempre,  el amo o señor del poder autoritario y  tiránico,  pueda presentarse como el gran dictador o general  salvador de la patria. O la repetición de la alternativa más reciente, pero también  hipócritamente irresponsable, la de la continuidad del desgobierno democráticamente sustentado y  al servicio de  los intereses  sectarios de la política auto-benefíciente.
Lo que se insinúa  en nuestro horizonte político de elecciones  es la repetición y no lo nuevo. Por más que los arreglos intra o inter partidarios se muestren en considerable alteración con relación a la situación clásica..
La repetición, que es el rechazo de poder vivir lo nuevo, tiene la forma o se presenta con la estrategia de dejar hacer hasta que la cosa sea insoportable para luego el todos unidos reaccione con el sentimiento de: hemos crecido y del nunca más. La circularidad terrible es:  construir un chivo para luego eliminarlo y así  volver a repetir, darle pueblo al líder y luego anularlo o matarlo. La repetición circular  como estrategia del  no-compromiso.  El  enterarse” tarde ya lo conocemos en la historia política del Paraguay, así como el  yo no lo sabía” o “no dimensionaba”.  La estrategia del dejar hacer para luego volver indignado es el rasgo más hipócrita de los políticos que se puede destacar.


VI
Sobre la  imposición repetitiva  el Psicoanálisis desde su clínica del síntoma, sustenta que en esa formación del inconsciente, lo que insiste y se repite es  una fijación de satisfacción pulsional que rechaza  una resignificación y una responsabilidad subjetiva por la misma. Hay un automatismo e irresponsabilidad  en juego en toda repetición compulsiva sintomática, como se verifica  en la llamada psicología de las masas, por ejemplo. Lo que sustenta al dicho automatismo repetitivo a nivel inconsciente, son marcas o elementos significantes simbólicos, “significantes amos” (como lo indica Lacan).  En el ámbito de lo social y sus síntomas repetitivos e insistentes, se podría pensar entonces,  si no se hace muy necesario que en nuestro país  se retome la cuestión de la  influencia, en nuestra vida política,  de las marcas o determinaciones  simbólicas e históricas de nuestra  cultura.
Es en esta dirección en que el sistema educativo debería encarar  la reforma curricular,  en el desidealizar las marcas históricas del poder y no en adelantar la edad escolar o en  saturar de materias a la infancia. Un ajuste  educativo así colaboraría a la  nación en el sentido que ayude a dejar la repetición circular mencionada  como salida o como respuesta en condiciones de poder. Los nuevos políticos deberían entrar desmarcados de estos elementos determinantes: la política como auto beneficio. Política nueva seria el compromiso de los nuevos políticos.
Sería conveniente, por lo tanto, trabajar en la dirección de  un  rescate un poco más comprometido de   la verdad histórica  de las marcas del poder.  Aquellos que se establecieron  en nuestra historia de nación, desde el gran Otro colonizador, pasando por nuestros incuestionables héroes y tiranos de la patria como Francia,  los López y  el último gran dictador. No que no hayan podido  tener  su debida importancia o valor en determinadas circunstancias, pero si se los mantiene al nivel de la pura idealización, en no cuestionamiento y  no-verificación de  sus fallas y abusos irresponsables  con relación al ejercicio del poder, esas marcas simbólicas  de los señores del poder, insistirán desde la idealización, como modelo y referencia de toda  autoridad posible. Más aún,  si lo nuevo que se esperó desde un marzo sufrido y trágico,  solo consiguió llevar a este desgobierno y  a una mayor irresponsabilidad  de los agentes políticos, con el consecuente incremento de la pasividad  y desesperanza de la población.
Sería  muy difícil pretender que algo realmente cambie y lo genuinamente nuevo pueda venir a darse, si lo que se rechaza es algo del orden de una verdad sobre el ejercicio del poder en nuestra historia. Verdad  de la cual muy poco se quiere saber. Siendo así,  el inconsciente puede continuar en su  comando,  con sus significantes amos  intocados y en represión, nuestro destino de país....se ve venir. Nuestro síntoma continuará así,  e insistirá  en su trayectoria repetitiva de lo mismo.
Siendo así,  se podría concluir con esta cuestión con elecciones siempre sí, pero con qué opciones y qué  tipo de determinaciones?

GENARO RIERA HUNTER (OCTUBRE, 2010)

Imagen de obra: VÍCTOR BECKELMANN


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