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lunes, 6 de diciembre de 2010

ROBERTO PAREDES - LA LUCHA DE CLASES EN EL PARAGUAY (1989 – 2002) - LA IZQUIERDA EN LA TRANSICIÓN / Octubre 2002 (191 páginas)



LA LUCHA DE CLASES EN EL PARAGUAY (1989 – 2002)
Obra de
Diseño y Arte: Juan Flores
Queda hecho el depósito que marca la ley
Asunción –Paraguay
Octubre 2002 (191 páginas)



A MODO DE PRÓLOGO

La publicación de "EL SINDICALISMO DESPUÉS DE STROESSNER" -trabajo en el que se realiza un relevamiento de la historia del movimiento obrero en el período que se extiende entre 1989 y 2002- obligó a la preparación del presente trabajo.
Pero aunque se trate de trabajos conexos ambos pueden ser leídos con total independencia. Cabe aclarar, sin embargo, que elementos contenidos en "El sindicalismo después de Stroessner" son tratados con mayores detalles, de donde resulta aconsejable la lectura de los dos trabajos para tener una comprensión más acabada sobre el proceso general.
"LA LUCHA DE CLASES EN EL PARAGUAY - 1989/2002" apuesta a abrir un debate a fondo sobre la historia reciente del país, de modo que del mismo surjan las orientaciones más apropiadas para el impulso de las acciones que tiendan a transformar la sociedad en un sentido positivo.
Hubiese sido de interés para el autor que el prólogo lo escribiesen Mauricio Swartzmann o Alfredo Alcorta, dos de los paraguayos más familiarizados con el materialismo histórico. A falta de los mismos, sirva el presente escrito como punto de partida para el presente trabajo.
EL AUTOR



CAPÍTULO I
LAS CLASES SOCIALES EN EL PARAGUAY

La composición social de la formación paraguaya cuando terminó la dictadura del general Alfredo Stroessner se reflejó de manera relativamente ilustrativa en el Censo Nacional de Población y Vivienda de 1992. Sobre el total de la Población Económicamente Activa se tenía la siguiente distribución por tipos de actividad económica:
Actividad primaria: 35,5%
Artesanos/Operarios: 20,3%
Comercio/Ventas: 12,9%
Servicios personales: 6,1%
Empleados de oficinas: 5,6%
Transporte: 3,5%
Obreros / Jornaleros: 1,9%
Gerentes / Administradores: 1,7%
Además de las informaciones estadísticas mencionadas, el Censo reveló una realidad trascendente: el 51% de la población total era urbana.
La tasa de crecimiento poblacional era del 3,2% y más del 51 % de la población tenía menos de 20 años.
Varios rasgos característicos que se tenían como verdades incuestionables hasta entonces cedieron paso ante los números procesados de manera relativamente científica; sobre todo quedó para el pasado eso de que el país era esencialmente rural, pues menos de la mitad de la población vivía en el campo, por un lado, y la mano de obra propiamente rural constituía solamente un poco más del tercio de la población ocupada.
Deficiencias tremendas, sin embargo, presentaba el trabajo del censo, pues no permitía discriminar con precisión cuántos propietarios de establecimientos rurales, industriales, comerciales y de servicios existían en el país, y mucho menos cuántos asalariados había, en qué tamaños de empresas, urbanas o rurales, de qué cantidad de ingresos disponían...
Salvando las deficiencias propias de este tipo de relevamiento, no obstante, no cabe dudas sobre que el censo resultó importante como cantera de información clave para estudiar a fondo la composición social de la formación paraguaya.
Un estudio mucho más importante se divulgó en 1993, y resultó el resultado del trabajo de investigación socio-económica coordinado por Pablo Sauma, un economista costarricense.
Una información clave para determinar la composición social de la formación paraguaya aportó el informe Sauma al asegurar que el 37,9% de la fuerza laboral ocupaba el sector agrícola; el 19,1 % el comercio; y el 18,6% los servicios. Juntos totalizaban 75,6%, es decir más del tres cuarto de la mano de obra, y deducir de ello que el proletariado industrial propiamente dicho era un sector minoritario, ni resultaba difícil, ni requería mucho esfuerzo.
Posteriormente se realizaron estudios más direccionados, sobre todo a través de las Encuestas de Hogares de la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos, DGEEC. Así, a comienzos de 1998 se tenía que:
- la Población Económicamente Activa urbana ascendía a 1.296.052 personas, de las cuales
- había 742.950 varones y 533.102 mujeres, y más discriminadamente
- habían 18.104 patronas frente a 63.679 patrones.
Del total de 1.296.052 personas que componían la Población Económicamente Activa-urbana, PEA-u, nada menos que el 46,4%, o sea 552.863 personas pertenecían al llamado sector informal de la economía. De donde:
- 1.296.052 PEA, menos 552.863 informales daba 743.189,
- ménos 81.783 patrones, daba 661.406,
- menos 200.000 funcionarios públicos, daba 461.406 trabajadores en sectores industriales, comerciales y de servicios.
En 1996 se había divulgado que en todo el país el sector fabril propiamente ocupaba a 170.521 personas, 14% de la PEA, mientras que el sector comercial ocupaba a 398.549 personas, de los cuales la mitad en empresas pequeñas que empleaban entre 2 y 5 personas.
Nuevos datos posteriores siguieron aportando elementos esclarecedores sobre el tema, confirmando lo fundamental:
- el 20,9% de los trabajadores urbanos trabajan en empresas unipersonales y
- el 34,4% en empresas que ocupan entre 2 y 5 personas, es decir que el 55,3% de la Población Económicamente Activa de la PEA urbana total está directamente vinculado con micro-empresas.
- Las empresas que ocupan de 11 a 50 trabajadores emplean al 13% de la PEA, y las que dan trabajo a más de 50 ocupa a 11,3%; el 9,5% de la PEA urbana es empleada doméstica. (DGEEC-1997-Encuesta de hogares).
Pero eso de que existía un bajo desarrollo industrial en el país para nadie medianamente avisado era un secreto; todos los analistas serios lo sabían, pero pocos quitaban las derivaciones necesarias determinadas por ello en el terreno social y político. Y entre las derivaciones más relevantes como consecuencia de ello era que existía un exiguo proletariado industrial.
Pero más importante aún era el hecho de que el proletariado industrial del país tenía peculiaridades directamente derivadas del tipo de industrialización local. A grosso modo se puede apuntar que:
1. Las grandes industrias eran poquísimas, contadas con los dedos: cemento, acero, carne, confecciones, bebidas, azúcar, yerba, aceites, metales, químicos...
2. La cantidad de establecimientos medianos tampoco era extensa, y por lo general se trataba de empresas familiares. 3. La gran mayoría de los establecimientos estaba conformada por pequeñas industrias, familiares, con bajo nivel de productividad.
El desarrollo industrial paraguayo -como todo el proceso en realidad- fue fuertemente condicionado por factores históricos, socio-económicos y geográficos.
Así, desde la perspectiva histórica, el virtual exterminio y destrucción que significara para el país la guerra de la Triple Alianza (1864-1970) cortó de manera definitiva un proceso de acumulación que se mostraba pujante y prometedor.
Aparato productivo destruido + escasa población + subordinación directa a los poderes internacionales, de esa manera, resultó una ecuación de hierro que condenó al país a la pobreza y al atraso.
País pobre y escasamente poblado (Perspectiva socio-económica), el Paraguay jamás se constituyó en un lugar atractivo para radicar capitales productivos, es decir, se desenvolvió bajo el fuego cruzado de:
- la escasez de mercado interno capaz de absorber niveles importantes de producción, y
- la ausencia de una clase burguesa suficientemente fuerte, capaz de estimular un vigoroso proceso de acumulación. Obviamente que ambas situaciones referidas se intercondicionaban y apuntalaban, creando una suerte de círculo vicioso del que no se podía escapar.
Una cuestión que se debe aclarar es, también, que hubo casos puntuales de radicación de capitales productivos en determinados sectores, como la producción del tanino, por ejemplo, o el procesamiento de carnes, pero en general se trataron de experiencias tremendamente negativas que llevaron a la profunda transformación de ecosistemas, como el caso de la industria del tanino, que terminó con las plantaciones de quebracho.
Desde la perspectiva geográfica, finalmente, el país soportó la condición de mediterraneidad (condición negativa en sí), sumada a la permanente intervención directa de dos poderosos vecinos que pugnaron por constituirse en país-líder de la región, juego en el que Paraguay hizo de aliado menor de uno o de otro.
En el Paraguay nunca existió industria pesada no porque sus gobernantes o clases dominantes no fueron visionarios o ambiciosos, sino simplemente porque el país estaba inexorablemente condenado al atraso por el peso de las condiciones de fondo referidas más arriba.
Y en el terreno de la acumulación de capital, subordinada a una lógica caótica pero determinante, es donde menos pesa el voluntarismo.
De ahí que el modelo de acumulación agro-industrial fuera el más atinado, realista y viable, ya que se partió de la base cierta de que existían ventajas comparativas en la producción agrícola y hortícola, que eventualmente podrían haber desembocado en una acumulación relativamente importante. Y no se pasó del discurso a la práctica sino parcialmente debido a que el Estado, único factor que podría haber impulsado el modelo con fuerza, con recursos suficientes y oportunos, se doblegó ante las presiones de los sectores sociales más fuertes económicamente, que apostaron a obtener beneficios rápidos e inmediatos, postergando el futuro pujante de este país, y postergándose a sí mismos, ya que lo rápido e inmediato es vulnerable y generalmente pasajero.
Ahora bien, retomando el hilo central del capítulo, además de destacar que el proletariado propiamente industrial es exiguo, se constata que el grueso de los trabajadores asalariados trabajan en empresas familiares, que cuantitativamente son la mayoría, de donde las clases dominantes se componen de:
- pocos grandes empresarios, asociados o no a capitales internacionales, y
- muchos medianos y pequeños empresarios, con negocios que funcionan sobre la base de capitales restringidos a los de origen familiar.
Y el sector asalariado es escaso en grandes empresas y numeroso en las pequeñas y medianas, hecho que explica muchas cosas, entre las cuales su debilidad.
Este rasgo de la predominancia de pequeñas y medianas empresas familiares es expresión del atraso, pero también es causa del atraso; funciona como traba real para el desarrollo de las fuerzas productivas, pone límites infranqueables y genera una cultura que apunta a apuntalarla.
¿Es difícil dejar para el pasado un rasgo dominante como ese?. Una constatación: Desde 1993 se vino llevando adelante el proyecto de funcionamiento de un Mercado de Capitales, tras la creación de la Comisión Nacional de Valores y la reactivación de la Bolsa de Asunción, con la deliberada intención de promover la creación de Sociedades Anónimas S.A., y a casi 10 años de experiencia el resultado es contundente: se mantienen las empresas familiares. Se hicieron leyes cargadas de incentivos, campañas publicitarias agresivas, charlas directas; no funcionaron. Peor aún: en el período hubo sociedades que se separaron para dar lugar a empresas familiares.
Algunos pocos datos sobre sectores económicos importantes aportan aún mayor claridad sobre el perfil del empresariado nacional:
- En el sector de las confecciones operaban en 1995 alrededor de 4.000 empresas, que ocupaban a aproximadamente 40.000 personas, pero del total se tenía plena constancia de que el 95%, es decir, 3.800 empresas, eran de pequeño porte.
- En el sector transporte, que solamente en el Gran Asunción posee y mueve más de 2.300 unidades, el 85% de las unidades son de propiedad de empresarios individuales, siendo que las líneas presentan el espejismo de ser empresas de porte, cuando en realidad están lejos de serlo.
- En el sector de las gasolineras ocurre algo similar: hay cerca de 1.200 gasolineras, y la Asociación de Propietarios de Estaciones de Servicios, APESA, tiene más de 900 miembros, es decir bajo los emblemas diversos, que se presentan inmediatamente como empresas poderosas, hay una realidad distinta: pequeños y medianos empresarios.
Las pequeñas y medianas empresas, sumadas a las individuales, ocupan a más del 65% de la Población Económicamente Activa; porcentaje que inclusive tendió a crecer en el lapso tratado, debido al violento proceso de "informalización de la economía", que derivaba, a su vez, de impulsos tendenciales y puntuales, como desempleo estructural, por un lado, y desempleo creado por quiebras financieras, fin de obras en hidroeléctricas, reducción drástica del "turismo de compras", retracción comercial,..., por otro lado.
El tema de los empresarios individuales o cuenta -propistas o micro- empresarios resulta clave para comprender a fondo la realidad social del Paraguay.
Ya en 1991 solamente en el Gran Asunción, la Fundación Paraguaya de Cooperación y Desarrollo estimaba que existían 60.000 micro-empresarios que empleaban a 240.000 personas, 46% de la PEA asuncena.
De acuerdo con estimaciones de la Asociación Paraguaya de Micro-empresarios, divulgadas en julio de 1996, en el Paraguay existían 715.000 trabajadores por cuenta propia; equivalente a alrededor de un tercio del total de la Población Económicamente Activa. Es oportuno precisar, sin embargo, que en una estimación anterior, de octubre de 1995, la misma Asociación hablaba de 500.000 en todo el país. Cualquiera sea el caso, no obstante, lo cierto es que el cuenta-propismo ocupa en el país a una inmensa cantidad de trabajadores.
Un trabajo interesante presentado en 1996 por la Fundación Paraguaya para la Cooperación y el Desarrollo, apuntaba que el sector informal ocupaba a 390.000 personas, y que los principales ramos eran la venta de telas y ropas, alimentos, artesanía y la fabricación de alimentos.
La DGEEC, por su parte, sobre el total de PEA urbana señalaba en noviembre de 1996 que el 66% hacia parte del llamado sector informal, con la siguiente desagregación: 54% del total de informales se dedicaba al comercio; 16% a los servicios; 15% a la industria; 11% a la construcción y 4% al transporte. El 18% vivía en Asunción; el 32% en el Departamento Central; y el 50% de los trabajadores vivía en el resto urbano.
De todo lo expuesto se concluye que la composición social de la formación paraguaya tiene los siguientes rasgos esenciales: - una pequeña cantidad de grandes empresarios, que no logran ser hegemónicos,
- una gran cantidad de empresarios pequeños y medianos, que representan la fuerza más importante y más retrógrada del empresariado nacional, cuya cultura es la predominante, contaminando hacia arriba y hacia abajo,
- una inmensa masa de cuenta-propistas, fuertemente influenciada por el empresariado medio, es más: masa de cuenta-propistas que tienen como paradigmas a los empresarios medianos,
- una masa escasa de trabajadores asalariados vinculada directamente a actividades productivas,
- una masa importante de trabajadores asalariados relacionados con actividades comerciales y de servicios,
- un amplio contingente de funcionarios públicos (12% de la PEA), y
- un gran ejército de reserva de mano de obra: desempleados o con empleos precarios: lumpem proletariat que ha sido y sigue siendo una inmensa cantera de los proyectos más políticos más retrógrados y autoritarios.


LA "MALA" DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA
Algunos resultados sobre niveles de ingreso contenidos en el trabajo de Pablo Sauma resultaron extremadamente esclarecedores sobre el tema de la distribución de la riqueza:
- el 10% de la población con mejor ingreso se quedaba con el 42% del ingreso nacional, en el extremo más alto, mientras que
- el 10% de la población con menor ingreso quedaba apenas con el 1 % del ingreso nacional.
Este contraste con relación a la cuestión concreta de la distribución de ingresos era una de las más acentuadas del sub continente, solamente comparables con las que regían en el Brasil y en el Perú.
La pésima distribución del ingreso nacional obedecía, esencialmente, al hecho de que el país había vivido durante varias décadas bajo regímenes autoritarios, que privilegiaron a los sectores pudientes en detrimento de los más desprotegidos. Más concretamente, esa distribución inequitativa era producto directo del sofocamiento de los sectores trabajadores, a los que durante todos esos años no se les permitió organizarse para promover sus intereses ni siquiera inmediatos.
En esto reside, en realidad, la explicación de fondo de este problema constatado y no en el hecho de la "supuesta falta de políticas sociales adecuadas", o "más equitativas", pues la historia concreta se desarrolla sobre la base de la lucha de sectores con intereses encontrados, contradictorios, lucha cuyo desenvolvimiento se distorsiona de manera profunda cuando determinados sectores son sometidos a la fuerza.
Lo que había pasado centenariamente en el Paraguay fue que las clases trabajadoras, obrera, campesina y pequeño-burguesa habían sido introducidas en una verdadera camisa de fuerza, que les impidió organizarse para promocionar y luchar por sus intereses.
El trabajo coordinado por Sauma también aportó datos científicos sobre una realidad ya empíricamente constatada: la diferencia de ingresos de acuerdo al nivel de instrucción, que obedece -aquí como en todas las latitudes- a cuestiones mucho más complejas que el simple tratamiento inequitativo. De acuerdo con el informe Sauma, los trabajadores sin instrucción ganaban por lo menos casi cuatro veces menos que los que tenían instrucción superior, y dos veces menos de los que tenían instrucción secundaria o media.
Un estudio más reciente, de 1997, realizado por la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos, DGEEC, sobre Ingreso y Nivel de instrucción, constituyó un contundente respaldo a los datos recolectados y procesados por Sauma. Los ingresos se distribuían de la siguiente manera:
Sin instrucción: 340.500 guaraníes promedio
Primaria: 472.300 guaraníes promedio
Secundaria:782.600 guaraníes promedio
Terciaria: 1.524.600 guaraníes promedio
Aún de acuerdo con las informaciones de la DGEEC, la distribución del ingreso sobre el total país urbano era el siguiente:
Menos de 500.000 - 46,6%
De 500.000 a 999.999 - 30,3%
Más de un millón- 17,2%
El tema, como ya se apuntó, va más allá de la simple inequidad:
- los trabajadores sin instrucción por lo general realizan tareas que generan poca riqueza, mientras que
- los trabajadores con mayor nivel de instrucción generan mucho más riqueza, de donde existe
- una normal diferencia de remuneraciones, que contemplan sobre todo la riqueza producida, por un lado, y las necesidades de las personas de mayor instrucción, por otro lado, que son mayores que las de las personas de menor instrucción.
Es un error teórico total, de hecho, tratar de medir la explotación por el nivel de pobreza de las personas. Así, por ejemplo, es común que hasta quienes se auto-denominan militantes marxistas recurran a explicaciones enteramente a-científicas cuando hablan de explotación.
Se cree, por ejemplo, que cuando en condiciones más miserables vive un trabajador es más explotado. Así, para ir a lo concreto, se entiende con mucha frecuencia que:
- un campesino que se dedica al cultivo del algodón es super-explotado, o
- que un conductor de ómnibus, que trabaja más de 14 horas por día es super-explotado.
En realidad, el concepto de explotación tiene que ver con otras cosas; explotación, en la concepción científica, quiere decir extracción de riqueza, de donde super-explotados son, en rigor, aquellos de cuyos trabajos son expropiados en mayor medida.
Un ejemplo:
- un trabajador de una fábrica de cerveza, de una metalúrgica o de una fraccionadora de aceite, puede ser mucho más explotado que
- un trabajador que se dedica a conducir un ómnibus durante 16 horas, o que un albañil, o que un cultivador de mandioca o algodón, pues
- se extrae o expropia más riqueza del que produce más riqueza.
Aplicando este criterio a los datos recolectados por Sauma y por la DGEEC se comprueba que es normal, ya que el trabajador que más produce percibe más por regla, y el que menos riqueza produce percibe menos.
Obviamente, que el nivel de explotación no se mide exclusivamente por ese criterio; también pesan para que el nivel de explotación sea mayor o menor, los grados de consciencia, de organización y de combatividad de los trabajadores, pues como las remuneraciones (pago por la mercadería fuerza de trabajo) son también producto de la correlación de fuerzas, pues en el marco de duros combates es posible obtener mayores tajadas de la riqueza generada por el trabajo.
De todos modos, se deja sentado que el criterio moralista, esencialmente idealista y a-científico, nada explica sobre el tema de la explotación y poco menos aún aporta para su comprensión. Se trata apenas de la expresión de la falta de una formación doctrinaria consistente en los diversos círculos militantes.
También en 1993 se divulgó ampliamente un trabajo de Zulma Espínola, de la Facultad de Economía-UNA, quien con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, recolectó y procesó informaciones de mucha importancia. Ella dejó constancia sobre que:
- los asalariados del sector rural percibían remuneraciones correspondientes a apenas el 59% del Salario Mínimo Legal, y que
- las mujeres trabajadoras percibían ingresos promedios que representaban el 42% del ingreso de los varones y apenas el 25% del Salario Mínimo Legal.
Estos resultados fueron erróneamente presentados como evidencias contundentes de inequidades, cuando que en realidad significaban otras cosas, o sea eran más que simples inequidades.
En el caso de los trabajadores rurales sucede que hay dos cuestiones a tener en cuenta: lo que produce el trabajador rural, por una parte, y lo que necesita el trabajador rural para su sustento, por otra.
Ocurre que la producción rural es responsable por lo general de la generación de menos riqueza, por un lado, y por otro el trabajador rural para sostenerse tiene menores necesidades que el trabajador urbano. La diferencia sobre todo se explica por eso, no por una política discriminatoria.
(Lo que no hay que entrar a confundir en el caso en cuestión es, por ejemplo, considerar que como la soja es el principal producto de exportación del país es el que genera más riqueza, por tanto sus trabajadores son más explotados. El tema es más sencillo: la producción primaria no es comprable con la industrial, ni en términos cuantitativos ni en términos cualitativos.)
Hay que tener en cuenta, también, el grado de organización y de combatividad de los trabajadores asalariados rurales, que por lo general es bajo, por lo que están más expuestos a mayores niveles de explotación.
Y en el caso de las mujeres trabajadoras, hay que tener en cuenta que el salario de las mujeres trabajadoras tiene el tratamiento de un ingreso complementario para el sostenimiento de la familia, lo que sin descartar que existan problemas de géneros, explica con mayor exactitud las causas del tratamiento.
En realidad, para comprender más a fondo estas cuestiones es esencial entender lo que es el salario, que nada más representa que el pago por la mercadería fuerza de trabajo. Y el tema es simple, desde esa perspectiva: el trabajo rural genera menos riqueza, es menos calificado, es menos productivo, por lo tanto cuesta menos; el trabajo de la mujer, así como del joven, es también menos productivo, menos calificado y menos generador de riquezas, por lo que también cuesta menos.



CAPÍTULO XIII
LA IZQUIERDA EN LA TRANSICIÓN

Antes de mapear los sectores políticos que actualmente componen la izquierda paraguaya, resulta necesario sacar las conclusiones de lo referido en el capítulo anterior, por traumáticas que sean.
Una constatación inmediata, sobre la que no cabe la menor duda, es que la izquierda ha desempeñado un papel marginal     - en el proceso político y social paraguayo; hecho que debe ser debidamente explicado.
Ocurre que la izquierda de la transición, por llamarla así, es hija de una confluencia de derrotas, lo cual explica -aunque no justifica- su debilidad y su rol discreto en el marco del proceso.
Tres procesos confluyeron para determinar su débil presencia en el escenario político nacional:
1. Derrota mundial: El derrumbe del bloque socialista europeo impactó severamente a la izquierda a escala mundial, pues cambiaron radicalmente las reglas del juego, en sentido adverso, por lo que en algunos casos resultó difícil la recuperación y en otros tuvo un efecto aún más negativo. Para restringirnos al ámbito regional, habíamos ubicado el triunfo de "Luía" en el Brasil en el contexto de una suerte de recuperación de la izquierda; recuperación que se da, a su vez, debido al rápido agotamiento del modelo neoliberal que se había impuesto en todo el mundo después de la caída del "muro de Berlín".
Es obvio que el caso concreto del triunfo de "Luía" no tiene una sola explicación, sino que es el producto de varías circunstancias, como ser los aciertos políticos del PT, la preservación de sus estructuras y sus cuadros en la coyuntura adversa, y las estrategias y tácticas correctas de su conducción. Pero lo que condiciona su avance es el marco más general al que se hizo referencia, pues en períodos inmediatamente anteriores, con estructuras y cuadros mejores, el PT había sido dos veces derrotado.
2. Derrota regional: El derrocamiento violento del presidente Salvador Allende en Chile, en 1973, así como las dictaduras implantadas en Uruguay y Argentina en la década del 70, abrió un proceso de desarticulación tremenda en la izquierda de esos países, con fuerte impacto en Paraguay. En el país sobre todo impactó negativamente la "guerra sucia" que se desató en la Argentina, que significó el diezmamiento de la izquierda, que experimentó nada menos que 30.000 bajas en vidas humanas de cuadros y activistas. La izquierda paraguaya utilizó tradicionalmente a la Argentina como retaguardia y punto de apoyo, por lo que el proceso mencionado lo afectó en todos los aspectos, organizativo, político y operativo.
3. Derrota local: Se mencionó pormenorizadamente sobre los insucesos de la izquierda paraguaya sobre todo en los años 70, que significaron el desmantelamiento de sus estructuras y el diezmamiento de sus cuadros, con el agravante de que sus actividades se dieron sobre la base de vicios que ciertamente no fueron exclusivas de la izquierda local, pero que se constituyeron en trabas objetivas para su desarrollo.
Así, por hacer una rápida mención al caso brasileño de nuevo, la izquierda de dicho país -cuyo itinerario fue otro- se mostró más vigorosa y creativa; más auto-crítica y persistente, por lo que actualmente se encuentra en la posición privilegiada que ocupa a nivel mundial.
Concluyendo sobre el punto, la izquierda paraguaya de la transición es hija, en definitiva, de una triple derrota: mundial, regional y local, con el agravante de ser heredera directa de todos los vicios de formulación y de práctica que caracterizaron a la izquierda de las últimas décadas; y esa es la explicación última (No la justificación) de su extrema debilidad.
La izquierda paraguaya se compone esencialmente de actores tradicionales y actores nuevos. Una rápida descripción de las organizaciones existentes o que operaron durante la transición muestra de manera clara la dispersión de fuerzas reinante; dispersión que no se justifica, pues existen propuestas estructuralmente similares entre varias organizaciones. Un mapa de la izquierda local muestra que existen unas pocas organizaciones estables y otras pocas de alta movilidad:
- Partido Comunista Paraguayo, PCP: Fundado en 1927 y reorganizado desde 1934, el PCP tuvo su mejor momento en los años 40. Golpeado sucesivamente y de manera ininterrupta desde la revolución de 1947 hasta la caída de Stroessner, en 1989 constituía un pequeño bolsón de referentes viejos y un reducido número de nuevos militantes. Sus mejores cuadros habían sido asesinados o habían muerto. Lo cierto y lo concreto es que el PCP de 1989 en adelante no tenía un solo cuadro siquiera del nivel de un Oscar Creydt, o de un Obdulio Barthe, de un Augusto Cañete, Antonio Maidana, Alfredo Alcorta o Julio Rojas, figuras de muy buen nivel de formación y de mucha experiencia. El PCP de la transición tuvo el perfil interno y público de un partido decadente.
Sus principales dirigentes actuales son Ananías Maidana y Luis Carlos Casabianca.
El desmoronamiento del bloque socialista europeo (Desde 1988 en adelante) constituyó el golpe de gracia para la organización: el PCP trató de refugiarse con el apoyo de Cuba y hasta de Corea del Norte, pero al igual que en otras latitudes presentó una tendencia declinante de carácter irreversible; es más testimonio que realidad política.
- Partido de los Trabajadores, PT Nació inmediatamente después del golpe, en marzo de 1989, como continuidad de la Agrupación Independiente de Trabajadores, AIT. Se definió trostkista, pese a que ni sus principales referentes estaban familiarizados con el trostkismo de primera mano, y en medio de desatinos de todo tipo, teóricos, políticos y prácticos, sedujo a jóvenes activistas en su primera fase, para luego penetrar en un proceso de lenta pero sostenida marginalidad.
Ya declinante, experimentó una fuerte división en la primera mitad de los años 90, de donde salió el Partido Socialista de los Trabajadores, PST, de existencia aún más marginal.
Los referentes más conocidos del PT fueron Benjamín Livieres, Eduardo "Coco" Arce, Mina Feliciángeli, José Delvalle, Tomás Zayas, Stella Rufinelli y Macario Cardozo (Algunos de los mencionados se pasaron a la derecha provisoriamente; otros, definitivamente). El más conocido referente del PST fue Angel Estigarribia.
- Partido Democrático Popular: Cuando se produjo el golpe aún existía el Movimiento Democrático Popular, MDP, que consideró inoportuno acogerse a la posibilidad de inscribirse como partido. Cuando se constituyó como partido, en 1990, ya estaba bastante raleado, por lo que tuvo una presencia marcadamente marginal.
Después se reorganizó en una articulación con ex creydtcistas ("Cayo" Benítez y otros), pero la experiencia terminó en un desastre. Los del ex MDP, como Hugo Richer, Víctor Barone, Víctor Bareiro y otros crearon Convergencia Popular Socialista, a finales de los años 90; "Cayo" Benítez se volvió partidario del general Lino César Oviedo.
Convergencia Socialista, ya en el 2002, experimentó una nueva división, con el distanciamiento de uno de sus principales referentes, Víctor Bareiro, que constituyó con un pequeño núcleo el Partido del Frente Amplio.
- Círculos Revolucionarios: El movimiento fue creado por Arnaldo "Tite" Mora, el padre del trotskismo paraguayo, y durante los primeros años de la transición se vinculó a todas las acciones unitarias emprendidas por las organizaciones de izquierda.
En 1992 intentó articularse con la entonces Corriente Patria Libre, CPL, para la fundación del Movimiento Patria Libre, MPL, pero la experiencia resultó desastrosa.
Desde 1998 el grupo que restó de Círculos Revolucionarios apoya al general Lino César Oviedo.
- Movimiento Patria Libre, MPL: Primeramente se había creado la Corriente Patria Libre, CPL, como desprendimiento del MDP, y desde un principio la cabeza visible de la organización fue Juan Arrom. En 1991, para las elecciones municipales, CPL hacía parte de la articulación de izquierda Unidad Popular, UP, montada para presentar una candidatura a la Intendencia de Asunción; sorpresivamente, sin embargo, CPL se abrió de UP, sin explicaciones de ningún tipo, y poco después lanzó la candidatura de Juan Arrom para la Intendencia.
Al año siguiente, en acuerdo con Círculos Revolucionarios, se fundó el Movimiento Patria Libre, MPL, en congreso en que resultó electo titular del nuevo movimiento Arnaldo "Tite" Mora, de Círculos Revolucionarios. Arrom rompió la cuestión unitaria y se quedó con MPL.
El movimiento en cuestión ganó mucha presencia pública en el marco de los sucesos que rodearon el secuestro de María Edith Bordón de Debernardi, que se atribuyó a MPL.
- Movimiento Paraguayo de Liberación, MOPALI: En realidad, el MOPALI ya no existe, siendo que en su lugar se creó el Partido de la Unidad Popular, PUP, pero se lo trata bajo esa denominación en el presente trabajo, pues el grupo es más conocido por su nombre originario que actual.
El Movimiento Paraguayo de Liberación, MOPALI, nada tuvo que ver con el MOPAL de los años 60/70; surgió un poco antes del derrocamiento de Alfredo Stroessner y desde sus inicios adhirió a la línea de liberación nacional. Desarrolló y desarrolla trabajos con campesinos de diversas zonas y con indígenas.
Sus líderes principales son Arturo Acosta Mena, ex prominente dirigente de la izquierda febrerista, y Ramón Leiva. - Partido Socialista Paraguayo, PSP: Se trata de una pequeña agrupación socialista, que se creó en los años 90, pero cuya presencia en el escenario político es excesivamente marginal.
- Movimiento Popular Revolucionario Paraguay Pyahurá, MPRPP: De orientación auto-proclamada "leninista", Paraguay Pyahurá constituye la agrupación de izquierda con mayor expansión, sobre todo a nivel campesino.
Surgió un poco antes de la Constituyente, en 1991, desde donde arrancó un lento pero permanente proceso de acumulación de fuerzas, sobre la base de vínculos privilegiados con la Federación Nacional Campesina, FNC, y la Organización de Trabajadores de la Educación del Paraguay, OTEP.
En el reciente proceso de la movilización para frenar la venta de la telefónica estatal, ex Antelco, su papel fue fundamental, desde la creación del Frente de Defensa de los Bienes Públicos hasta la movilización de mayo/junio, pasando por la creación del Congreso Democrático del Pueblo.
Las agrupaciones de izquierda se empeñaron por insertarse en los procesos electorales, sin suceso alguno:
- En 1991, para las elecciones municipales, Unidad Popular, UP, lanzó la candidatura de Jorge Querey como candidato a titular del municipio de Asunción; el Partido de los Trabajadores, PT, candidató a Mina Feliciángeli en Asunción y a otros referentes en algunos pocos municipios del interior; y Corriente Patria Libre presentó la candidatura de Juan Arrom en la capital.
- En 1991, para la Constituyente, se presentó una lista del Partido de los Trabajadores, PT, otra de Paraguay Pyahurá, en alianza con el Partido Humanista; y otra de presencia limitada a Caaguazú y San Pedro, Movimiento de Civilidad Democrática (MCP).
- En 1993 dos candidatos de izquierda fueron lanzados por grupos de izquierda en las presidenciales: Eduardo "Coco" Arce, por el PT, y Joel Atilio Cazal, por Patria Libre.
- Para las elecciones del 2002 existen proyectos de participación del Movimiento Patria Libre, MPL, el Partido de la Unidad Popular, PUP, de Convergencia Popular Socialista, CPS, del Partido del Frente Amplio, PFA, pero entran -sí entran- sin la menor chance de incidir.
- Algunas agrupaciones de izquierda optaron por mantenerse al margen de los procesos electorales, como los casos de Paraguay Pyahurá, MPRPP, y Partido de los Trabajadores, PT.
La izquierda paraguaya contemporánea presenta divisiones por cuestiones de proyectos diferenciados, en algunos casos, y divisiones sin justificación programática, en otros. Al igual que en los años 60 y 70, los proyectos son esencialmente tres:
1. Los que apuestan a una revolución proletaria, bajo el esquema de la alianza obrero-campesina bajo la hegemonía del proletariado (Partido de los Trabajadores, PT, Partido Socialista de los Trabajadores, PST, Paraguay Pyahurá, MPRPP),
2. Los que apuestan a una revolución de liberación nacional, con eje en el anti-imperialismo (Movimiento Patria Libre, MPL, Partido de la Unidad Popular, PUP)
3. Los que entienden que en el Paraguay debe darse aún la revolución democrático-burguesa (Frente Amplio, PFA, Partido Comunista Paraguayo, PCP)
Todos ellos, sin excepción, soportan la terrible contaminación de sostener sus acciones sobre la base de una concepción stalinista del "leninismo". Y hay un sectarismo tremendo, una intolerancia feroz,..., vicios en fin que expresa que todo en Paraguay llega tardía y deformadamente; la incorporación de la izquierda paraguaya al debate socialista contemporáneo aún seguirá postergado, mientras persistan teorías y prácticas que más bien son negación del socialismo científico, tomadas como verdades incuestionables, con escasas posibilidades de revisión en el corto y mediano plazos.


LA IZQUIERDA MODERADA
Una breve mención a agrupaciones de izquierda moderada merece por lo menos un breve espacio, pues si bien tienen escaso desarrollo, encierran mayores potencialidades políticas que la izquierda que conserva inalterada teorías y prácticas que se han demostrado sobradamente fracasadas.
Estos grupos son:
País Solidario: Liderado por Carlos Filizzola, en rigor la caracterización de agrupación de izquierda moderada le queda grande. País Solidario es ante todo un movimiento político con dos fuertes rasgos característicos: electoralista y pragmático.
No hay al interior del partido definiciones públicas (ni privadas) que otorguen suficientes elementos para encasillarlo dentro de una corriente de pensamiento político x. No hay, obviamente, acompañamiento de las discusiones actuales acerca del socialismo.
No obstante, segmentos importantes de la población ven al partido como que representa algo nuevo, pero no solamente caras nuevas, sino nuevas propuestas y nuevos proyectos, los que en realidad no hay. País Solidario es potencialidad de algo nuevo, pero con fuertes propensiones a incorporar prácticas viciosas tradicionales, pero no de la izquierda, sino de la más pura derecha.
Unidad Progresista: Con referentes visibles como Ricardo Canese y Tomás Palau, el movimiento emergió a fines del 2000 con la intención de propiciar una suerte de articulación general de movimientos de izquierda moderada y de izquierda. Nunca pudo realizar esa tarea, porque era una utopía, en parte, y por la falta de plantel adecuado para hacerlo, finalmente.
Tiene potencialidad, pero presenta rasgos parecidos a País Solidario: pragmatismo político y falta de acompañamiento del debate socialista actual. De hecho sus referentes carecen de una formación socialista consistente que les permita incorporar los elementos que se discuten hoy por hoy entre los socialistas.
Sociedad Democrática: Bajo el liderazgo de Aníbal Carrillo Iramain, el movimiento hizo un extraño itinerario de integración al Encuentro Nacional (Abandonaron el febrerismo para ello), presuntamente con la intención de convertirlo en fuerza social-demócrata; después de unas lluvias de realismo se distanciaron del PEN (En el 2001) para operar con mayor autonomía.
El sector presenta potencialidades y soporta amenazas: potencialidades, consistentes en la posibilidad real de desempeñar un papel de primer orden en el marco de un eventual proceso de unidad de sectores políticos y sociales progresistas, lo que podría hacerlo gracias a la autoridad política que el movimiento conquistó en el contexto de importantes luchas sociales recientes; y amenazas, en el sentido de que varios de sus seguidores tienen la propensión a dejarse seducir por propuestas políticas supuestamente "independientes", como la de Fadul y su movimiento Patria Querida, de cara al 2003.
Una ventaja adicional que tiene Sociedad Democrática es la capacidad de sus cuadros principales de incorporar elementos del debate contemporáneo sobre el socialismo; por lo menos, están en mejores condiciones que otros.


TESIS SOBRE LA IZQUIERDA Y LA LUCHA DE CLASES
1. EL MITO DE LA UNIDAD:
(1) Marx y Engels, antes de poner punto final a las actividades de la I Internacional, hicieron cuestión de expulsar de la misma a los anarquistas, a los proudhonianos y a los socialistas utópicos.
(2) Lenin, en el marco de la revolución de 1917, no buscó articularse con los "mencheviques" (también marxistas) ni con los anarquistas, ni con los "socialistas revolucionarios" (partido campesino); al contrario, los combatió y cuando quedó en minoría después de las elecciones constituyentes, dio un auto-golpe, asegurando el poder para los "bolcheviques".
(3) Más recientemente, los "sandinistas" tomaron el poder en 1979 al margen de lo que pensaban los demás grupos de izquierda y para su deposición por vía electoral jugaron un papel protagónico los comunistas, entre otros grupos de izquierda.
(4) En el Brasil, ahora, la candidatura de "Lula" fue resistida por ex comunistas y socialistas, que presentaron otras alter-nativas.
Lo que se quiere significar, en definitiva, es que la unidad no es principio ni tradición dentro del movimiento socialista. Se deben articular los sectores con proyectos compatibles; nada más. Los proyectos distintos deben caminar por vías distintas, separadas, en pugna feroz si es necesario.
Los intentos de articulación de sectores de izquierda han fracasado sobre todo porque no se ha comprendido y quitado las consecuencias de la tradición socialista, procediéndose sobre la base de orientaciones medio "cristianizantes" o románticamente ingenuas.
No es la unidad la que hará posible avanzar en la construcción de un proyecto de transformación socio-económica de carácter socialista, sino una línea correcta, aplicada con determinación por un grupo específico o por grupos compatibles articulados.
2. Los vicios paralizantes: Vicios menores de la izquierda paraguaya son el sectarismo y el dogmatismo, lo que viene repitiéndose desde hace por lo menos tres décadas, sin que se haya dado un solo paso en dirección a superarlos.
La peor contaminación que soporta la izquierda es de lejos la falta de una formación efectivamente socialista. Los socialistas románticos, por ejemplo, reivindican la utopía, cuando que precisamente el socialismo científico nació contra el socialismo utópico, combatiéndolo sin cuartel. Los "leninistas" constituyen en sus formulaciones teóricas y en sus prácticas la negación de Lenin; si fuesen capaces de leer Lenin, pensar y sentirlo, sería un gran avance, revolucionario.
En síntesis y en concreto: mientras estos grupos se aferren a las viejas propuestas fuertemente contaminadas por el stalinismo, que fue hegemónico hasta hace muy poco, no podrán incorporar los avances del debate socialista contemporáneo y se mantendrán objetivamente al margen de la historia.
3. Los nuevos desafíos: Hay procesos socio-económicos recientes, que han dado pie a la realización de estudios para comprender mejor la realidad -que está en permanente transformación- y que han conducido a reformulaciones teóricas y prácticas.
Se ha constatado, por ejemplo, que en los países centrales se ha dado una progresiva reducción cuantitativa del proletariado industrial, propiamente, lo que ha puesto en entredicho, a su vez, principios teóricos vertebrales del socialismo científico.
La incorporación creciente de los métodos automatizados a los procesos de producción tiene una consecuencia inmediata: la reducción drástica de la mano de obra ocupada, lo que en países altamente desarrollados, donde el fenómeno es general, lleva a la reducción numérica del proletariado, y en países atrasados como Paraguay, donde la novedad llega apenas en casos puntuales, lleva al incremento del ejército industrial de reserva. Ocurre que los avances técnicos y tecnológicos llegan con distinta fuerza y distinto impacto en países centrales y periféricos (Desarrollo desigual y combinado).
En el marco de ese proceso, cita Jacob Gorender en su último trabajo “Marxismo sin utopía", en la Volkswagen se hizo una negociación sindical especial, atípica, nueva: debían ser despedidos decenas de miles de trabajadores, en Alemania y en Brasil. Los sindicatos coincidieron en negociar la mantención de los puestos de trabajo, acompañado de la reducción de la jornada de trabajo y la reducción, también, de los salarios; es decir, se cambió ocio por salario. La negociación funcionó, pero la solución del caso concreto no es aplicable a todos los casos, y menos de manera mecánica.
Otro fenómeno que se ha constatado muy recientemente y cuya reflexión constituye un desafío teórico de primer nivel es la constatación de que la producción de bienes tangibles está dejando de ser la principal fuente de lucros, substituida por la producción de bienes intangibles. Así, programas de computación, por ejemplo, generan mucho más lucro que la producción de las propias computadoras de metal y plástico.
Pero hay más temas generales y puntuales sobre los que es preciso debatir, pero quedemos deliberadamente en los mencionados para evitar complicaciones innecesarias.
El primer tema: consecuencias sociales de la automación, lleva a constataciones, pero al mismo tiempo constituye un desafío que requiere respuesta adecuada en el terreno teórico, que se traduzca después en el campo político. Al transformarse la constitución social de una formación, por ejemplo, necesariamente se debe proceder a la re-formulación del bloque social que liderará un proceso revolucionario, pues lleva a cambios estratégicos y tácticos; y lleva, también, vida pura al socialismo científico, que se debe mostrar con capacidad suficiente para incorporar y superar las nuevas contradicciones y los nuevos desafíos que se dan en el contexto de una realidad en permanente transformación.
La generación contemporánea de lucros mayores en el campo de la producción de bienes no tangibles (Programas de informática, por ejemplo) se da sobre la base de una expansión permanente del mercado de dichos bienes; expansión que alcanza niveles superiores a los demás, por tratarse de innovaciones radicales de consumo masivo
(El mercado lo constituyen las empresas de todos los ramos: industriales, comerciales, de servicios, de producción primaria; así como consumidores directos.)
Por otra parte, ese ramo presenta como peculiaridad emblemática del tiempo que se vive la innovación tecnológica más acelerada (Los productos se vuelven obsoletos en un período de tiempo muy corto); presenta, también, otro rasgo propio del tiempo que se vive: el trabajo físico en la producción de los bienes es mínimo para no decir inexistente, mientras que el trabajo no físico, intelectual, es inmenso.
El sector de producción de esos bienes se ha posicionado rápidamente como la vanguardia en el contexto del desarrollo contemporáneo, de donde sus trabajadores están llamados a jugar un papel de primer orden en el proceso de transformación de toda la sociedad.
Los ejemplos referidos apenas buscan mostrar con claridad que en el mundo de hoy -en permanente transformación- se han producido cambios cualitativos que necesitan ser trabajados en el terreno de la teoría, la que a su vez deberá ofrecer las líneas de acción política más adecuadas para promover los cambios necesarios.
Un ejemplo concreto: La alianza obrero-campesina como fórmula política de cara a la transformación social es absolutamente inaplicable a los países del Primer Mundo, no por carecer de importancia la producción de bienes en las áreas rurales, sino porque el campesinado constituye una clase minoritaria, por una parte, y porque las contradicciones que se dan en los ámbitos rurales no son las más relevantes, por otra. Pero los cambios no se circunscribieron a los países centrales; se han expandido en mayor o en menor medida a todos los países del planeta, presentando problemas que requieren ser resueltos de la manera más adecuada para avanzar hacia una sociedad que supere las actuales contradicciones, que privilegian a cada vez más pocos y excluyen a cada vez más muchos.
4. La izquierda posible: Hay claramente dos sectores de izquierda en el Paraguay, al igual que en otras latitudes: el que se apega a los esquemas de interpretación tradicionales, que se empeña por adaptar todo lo nuevo a los viejos esquemas; y el sector que se esmera por incorporar lo nuevo de manera dialéctica; todo lo nuevo, en cuanto a teorías y avances científicos, es fuente y parte integrante de la teoría socialista.
Lenin explicaba en "Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo", que la economía inglesa (burguesa), que la política francesa (burguesa y utópica) y la filosofía alemana (idealista, sobre todo), fueron fuentes y partes integrantes del marxismo, pues fueron incorporados y superados en el marco de un proceso de construcción dialéctica.
La izquierda tradicional, por llamarla así, sin embargo, se resiste a admitir siquiera el tratamiento como ciencia de todo lo que produce la burguesía en los diversos campos: la economía, el derecho, las ciencias de la comunicación, la sociología,... Ese tratamiento despectivo fue el rasgo que trató de imprimir el stalinismo al marxismo; práctica profundamente revisionista y anti-científica que permeó a toda la izquierda mundial, con efectos tremendamente negativos sobre el desarrollo teórico y político socialista. El stalinismo -para justificar históricamente su vigencia- vulgarizó la teoría, con el cuento de la "popularización" del conocimiento; la petrificó, otorgando validez universal e incuestionable a fórmulas con apariencias de verdades incuestionables; la mutiló, al extraer de la misma partes esenciales que insistían sobre la necesidad de su permanente superación; la tornó un dogma al declarar falsas todas las producciones intelectuales no socialistas...
Los sectores que se apegan a las verdades incuestionables, que se resisten a incorporar lo nuevo, sacando las consecuencias de ello; que se empeñan por "formarse" sobre la base de los textos paupérrimos que constituyen el marxismo vulgarizado; que se resisten a admitir que es posible que se den avances objetivos al margen de la teoría puramente socialista, constituyen los sectores que están condenados a ir a parar al basurero de la historia, son los inviables.
La izquierda posible es y será la que tenga el coraje de retomar los principios filosóficos fundamentales, que se empeña por superar permanentemente la propia teoría socialista, entendiendo por superación la transformación permanente y progresiva, sobre la base de la incorporación y superación de toda la producción intelectual contemporánea. Esto es socialismo científico y la izquierda posible es la que se amarre a ella sin el menor temor de convertir en pieza de museo los principios doctrinarios perimidos; sin pereza para trabajar e incorporar y superar lo nuevo.
La tarea es ciclópea, pero el concurso de todos los socialistas, del Norte y del Sur, del Este y del Oeste, hará posible que se pueda realizar.
5. La teoría de la revolución paraguaya: La revolución rusa fue posible, en gran medida, gracias a la construcción teórica que se dio en el marco de amplios y profundos debates, de los que participaron activamente con aportes fundamentales, revolucionarios rusos y europeos: Plejanov, el padre del marxismo ruso; Lenin, el primer conductor del proceso revolucionario que sacudió al planeta; Trotsky, la mejor pluma del marxismo; Bujarin, el "mejor teórico del Partido Comunista de la Unión Soviética", según Lenin; Rosa Luxemburgo, la más vigorosa teórica del marxismo; Zinoviev, Kamenev, Martov, Parvus, Preobrashensky,... El debate ruso fue uno de los más ricos, encendidos y prolíficos, no surgiendo figuras teóricas descollantes como las citadas con posterioridad, pese a que durante más de 70 años los comunistas tuvieron el poder en la URSS. La revolución rusa fue y sigue siendo un paradigma, objeto de discusiones inagotables en el campo de los socialistas. Tuvo apologistas, detractores y evaluadores imparciales, todos los cuales aportaron elementos para la comprensión del complejo proceso. Sobre ningún otro proceso de transformación, de hecho, se produjo tanto y tan disimiles interpretaciones.
Para la exposición de ésta tesis, sin embargo, se rescata apenas un aspecto, el de la necesaria construcción teórica, sin la cual resulta imposible hablar de revolución, propiamente, y menos aún introducir a una sociedad en el marco de un proceso sustentable de transformaciones, a largo plazo.
Reivindicada la necesidad de la construcción teórica, hay que reivindicar, también, que no existe la posibilidad de delegar dicho trabajo a otros, por iluminados que sean. La construcción de una teoría revolucionaria específica debe realizarse en el terreno de las luchas sociales y políticas, en contacto y a partir de ellas, contando obviamente con las enseñanzas de las experiencias internacionales pasadas y presentes, pero sin esperar que de las mismas surjan todas las respuestas. Por mucho que cueste y por grande que sea el desafío, es ineludible construir la teoría de la revolución paraguaya, tarea indelegable e impostergable, sin cuya realización resultará imposible avanzar con pasos firmes y seguros.
Y en el terreno exclusivamente local, hay situaciones que se deben incorporar como premisas insalvables en el marco de la construcción de la teoría para la revolución paraguaya.
Una de ellas es la que deriva de la posición geográfica del país: Paraguay está condenado a subordinar su suerte a la de uno de los dos países vecinos, con condiciones de asfixiarlo literalmente sí la sociedad avanza hacía procesos que resultan incompatibles con los experimentados por los mismos. La comprensión de esto permite, por lo menos, no alimentar soluciones radicales aisladas de los procesos regionales. Y el tema asume su real dimensión cuando se tiene en cuenta que los procesos regionales, a su vez, están profundamente condicionados por procesos más globales.
Otro aspecto esencial que en el marco de la construcción teórica se debe contemplar es la peculiar composición social de la formación paraguaya, lo que permitirá comprender el papel que cada clase está llamado a jugar en el proceso.
Y más que esencial, para concluir, resulta la necesidad de abrir el debate y crear los canales apropiados para su vehiculización; debate que implica e implicará ir incorporando todos los aportes: propios y extraños, de experiencias locales e internacionales; de teóricos clásicos, modernos y contemporáneos; del conocimiento humano más avanzado, independientemente del origen de clase que le dio nacimiento.


S U M A R I O
A modo de prólogo
Capítulo I : Las clases sociales en el Paraguay
Capítulo II : Realidad social y cultura
Capítulo III : Lucha de clases y contexto internacional
Capítulo IV : El carácter del golpe contra Stroessner
Capítulo V : La transición y sus límites
Capítulo VI : La inserción del país en la economía mundial
Capítulo VII : Contradicciones internas entre empresarios
Capítulo VIII : Los trabajadores y sus intereses inmediatos
Capítulo IX : Los trabajadores y sus intereses de fondo
Capítulo X : Los partidos políticos dominantes
Capítulo XI : Lucha de clases y actores secundarios
Capítulo XII : La derrota histórica de la izquierda
Capítulo XIII : La izquierda en la transición
Tesis sobre la izquierda y la lucha de clases

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